23 de marzo 2007 - 00:00

Videla exhibe sus bellos paisajes transfigurados

Las obras queJuan AndrésVidela reúne en«Onda Roja entreConstitución yLongchamps» sonóleos sobrecartón, en los queel artistaintervienepaisajesconocidos,haciéndolos vercomo a través deuna lente borrosa.
Las obras que Juan Andrés Videla reúne en «Onda Roja entre Constitución y Longchamps» son óleos sobre cartón, en los que el artista interviene paisajes conocidos, haciéndolos ver como a través de una lente borrosa.
Juan Andrés Videla (Longchamps, Buenos Aires, 1958) estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y en el taller de Pablo Bobbio. Ha participado en diferentes Premios, muestras nacionales e internacionales en Houston y Santa Fe (Estados Unidos), India, Ecuador, Nueva York y Dublín. Ya el título de su actual muestra «Onda Roja entre Constitución y Longchamps» está dando una pista. Lugares del momento en el que detiene su auto en el semáforo, generalmente por Av. Pavón y a los que decidió fotografiar. Durante tres años reunió alrededor de 3.500 tomas que dieron origen a esta muestra, que no es precisamente de fotografías, reveladora de un paisaje suburbano anodino, de casas bajas, típicos cubos de dos ventanas y una puerta angosta y que no pueden ostentar autoría arquitectural alguna, además de calles de tierra, zanjas, árboles que tampoco responden a una arquitectura paisajista.

Son óleos sobre cartón, tela, placa de fórmica que sí tienen cualidad fotográfica por su tersura. Todo parece visto a través de una lente borrosa, de la niebla o de la fragilidad de la memoria. Imagen distante de un paisaje al que el artista, gracias a su técnica depurada, dota de una belleza evanescente. En algunas obras, como «Garage», «Quintana y Malvinas Argentinas», «Camino Negro», Videla usa polvo de grafito con el que cubre toda la superficie para después borrar y llegar al blanco, dando lo ilusorio de zonas iluminadas en la noche.

Videla consigue transfigurar este paisaje por el que habitualmente transitaba sin mirarlo detenidamente y al que ahora se puede mirar una y otra vez, ya que causa una quieta impresión en el contemplador. Esto revela una vez más que Videla pertenece al tipo de artista que no intenta sorprender con pinturas espectaculares de las que uno pronto se olvida y que no importa tanto el tema sino el cómo abordarlo para no caer en convencionalismos. Empatía-Espacio de Arte (Carlos Pellegrini 1255). Clausura el 13 de abril.

Previa escala en San Pablo donde se exhibió entre octubre y noviembre de 2006, «Zig-Zag» se presenta actualmente en Galería Atica (Libertad 1240). Artistas argentinas ( Silvana Blasbalg, Ana Erman, Zina Katz, Carla Rey) y brasileñas (Maria Villares y Coca Rodríguez Coelho), con miradas y obras diferentes en las que, como señala Horacio Zabala en el catálogo, «sobrevuela la indeterminación y el azar, el carácter plural de lo que no está saturado de discursos explicativos».

Las expositoras argentinas son: Silvana Blasbalg, destacada grabadora y reciente ganadora de un galardón muy codiciado por los grabadores más reconocidos del mundo, el Primer Premio Internacional de Grabado «Carmen Arozena» de la isla de La Palma (Canarias), desde hace algún tiempo aborda paralelamente la disciplina del objeto. Sus felinos cubiertos por mariposas u otros insectos, platos en los que se mezclan flores o vegetales con arañas u hormigas, constituyen una imagen barroca e inquietante.

Ana Erman, ata nudos. Lo hace a través de un minucioso dibujo, después digitalizado y en un excelente montaje, que crea una red intrincada de infinitas lecturas que nos lleva por meandros impredecibles.

Así como Erman ata nudos con su dibujo, Zina Katz cose con hilo, técnica artesanal, sobre un plástico transparente. El origen de la imagen es la fotografía o sea que va de lo mecánico a lo manual y aquí se establece un ambiguo juego de sombras sobre la pared en la que la obra está emplazada.

Carla Rey apela al blanco sobre blanco. Papel y color que se combinan para tratar de extraer de ellos una expresión mínima, lacónica, no obstante los diversos matices y texturas conseguidos.

La brasileña María Villares presenta una trama tejida, imperfecta, expresada como un pensamiento que responde al fluir de la conciencia, y su compatriota Coca Rodríguez Coelho resume en sus obras digitalizadas, recuerdos difusos de sus viajes por el Amazonas y otros lugares de América del Sur, quizás por el sepia con el que trata tanto a la vegetación como al agua y el cielo. Una muestra delicada, con el talante de «work in progress» que propone y espera una mirada sin apuro. (Clausura el 2 de abril).

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