«Ora che i giorni lieti fuggir... » («Ahora que terminaron los días felices...») Como el viejo gabán del filósofo Colline en «La Bohème», toneladas de gloriosos vestuarios se apilan hoy en improvisadas bolsas de consorcio en los subsuelos del teatro Colón. Una parte de ellos viajó a galpones municipales en la calle Labardén, pero aún falta definir dónde serán albergadas las grandes escenografías que obstaculizarían los futuros trabajos. Cuando empiecen, claro.
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