Enrique Piñeyro se enfrasca en una de las muchas discusiones
de «Whisky Romeo Zulú», el film que gira en torno al
accidente de LAPA de 1999.
«Whisky Romeo Zulú» (id., Argentina, 2003; habl. en esp.). Dir.: E. Piñeyro. Int.: E. Piñeyro, M. Morán, A. Awada, C. Portaluppi, A. Yanelli y otros.
El título del film es el del código (WRZ) del Boeing 737 de Lapa accidentado en Aeroparque el 31 de agosto de 1999, que en su frustrado decolaje en vuelo a Córdoba atravesó la avenida Costanera, destruyó parte de la muralla, arrastró 3 vehículos a su paso, y se estrelló contra un talud que servía de límite a un campo de golf. Murieron 67 personas y sólo sobrevivió una veintena. Enrique Piñeyro, director y protagonista de esta película en la que se interpreta a sí mismo, fue piloto en esa empresa entre 1995 y 1999, algunos meses antes del accidente. De acuerdo con lo que informa el guión, la documentación que lo acompaña y testimonios de la época, Piñeyro, en su renuncia, advirtió no sólo sobre la «posibilidad» sino la «inevitabilidad» de alguna catástrofe, atribuible según él a las deficientes condiciones de mantenimiento y a las normas de seguridad, no observadas ni por los directivos de la compañía ni por las autoridades de Fuerza Aérea.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La causa, que se tramitó en el despacho del renunciante ex juez Gustavo Literas (hoy pasó al despacho del juez Sergio Torres y está a punto de ir a juicio oral), tuvo a lo largo de su desarrollo alrededor de 500 testimonios: de ellos, el de Piñeyro es sólo uno; privilegiado, sin duda, pero sólo una de las visiones de una causa que excede, naturalmente, el alcance de un film que ni siquiera es documental ni, en su dramatización de los hechos, se limita al accidente.
Si bien hay licencias argumentales en la película respecto de la investigación de los hechos (por ejemplo, las escenas sobre los varios ataques e intimidaciones contra el fiscal Carlos Rívolo a lo largo de la instrucción, el único de los dos fiscales que aparece en el guión y que tiene un peso protagónico), del mismo modo Piñeyro habría dejado de lado varios otros elementos, incluso hasta más graves. Dicho de otro modo: esta película no se propuso ser una ilustración gráfica de la causa, ni la exposición de sus fundamentos, sino que Piñeyro acomete en ella contra quienes señala como responsables de la tragedia, sin dejar de intentar de paso una autobiografía sentimental.
De este modo, sería erróneo ver «Whisky Romeo Zulú» únicamente como la «película del avión de Lapa». Se trata de un thriller políticoempresarial, a la manera de los que hacían los italianos en los años 60 y 70, y al que se le puede reconocer la virtud de ser atractivo y, por momentos, excitante a la manera de un Costa-Gavras criollo.
El piloto T (él mismo) también cuenta acá una historia de amor imposible, nacida en la infancia, y cuya reanudación en la vida adulta tendrá influencia en los acontecimientos: concretamente, en su renuncia a la empresa. El piloto reencuentra a la «noble dama» (Mercedes Morán) de la que se enamoró siendo chico, transformada ahora en consultora primero y más tarde en integrante del «boarding» de la empresa. Los personajes toman posición, casi como en un western, y con final no menos moralizante (de paso, la escena en la que el protagonista logra llevar a la heroína a la cama, con los resultados que ya verá el espectador, es antológica: pocos directores del «nuevo cine argentino» logran hoy un momento así).
La intransigencia maníaca del piloto colisiona con el pragmático discurso de la noble dama, pero la historia le da la razón al héroe: el « destructivo», que nada tiene que perder gracias a su bienestar económico personal (como le hacen notar algunos colegas con los que también se enemista), termina ganándole a todos a fuerza de obstinación. No hay retractación, no hay transigencia ni flexibilidad: la tragedia se produce, él estaba en lo cierto.
Saber al señor T. el personaje real produce una sensación extraña. Es imposible decir que «no está en papel» porque se trata del protagonista auténtico de los hechos que cuenta (Piñeyro, auténtico personaje en todo sentido, contemporáneamente a su oficio de piloto también ejerció como actor en varias otras películas, y fue productor de «Garage Olimpo»). Alejandro Awada, encarnando al malhadado piloto que se estrelló, Morán, Miguel Dedovich, Silvina Bosco (convincente como la psiquiatra inescrupulosa) y Carlos Portaluppi integran un elenco parejo, y eficaz.
Dejá tu comentario