6 de julio 2026 - 11:26

El mercado evalúa el futuro del oro y las proyecciones se dividen con la mira en la Fed

Tras alcanzar máximos históricos en enero, el oro retrocedió cerca del 30%, situándose en torno a los u$s4.100. Factores como el aumento de tasas de interés reales, el fortalecimiento del dólar y la toma de ganancias explican esta corrección.

 La política monetaria de la Reserva Federal ejerce presión sobre el metal, pero grandes bancos identifican factores que podrían impulsar una tendencia alcista.

 La política monetaria de la Reserva Federal ejerce presión sobre el metal, pero grandes bancos identifican factores que podrían impulsar una tendencia alcista.

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La opinión respecto al mercado del oro aparece dividida: la política monetaria de la Fed presiona al metal, pero los grandes bancos ven factores que podrían relanzar su tendencia alcista.

A largo plazo predomina una visión positiva respecto al metal precioso, aunque es notoria la diferencia de precios en los últimos meses: después de alcanzar máximos históricos en enero de u$s5500 por onza, acumula una baja cercana al 30%, hasta ubicarse en torno a los u$s4100 por onza.

Según lo publicado por la consultora Quinto, las razones de esta caída del precio hay que buscarlas en el incremento de las tasas de interés reales, fortalecimiento del dólar a nivel internacional y el desarme de posiciones explican buena parte de la reversión de corto plazo.

Además, según Quinto, el catalizador inicial de la corrección fue de origen geopolítico, producto del estallido de la guerra entre Estados Unidos e Irán. Esto muestra una tendencia contrapuesta a la esperada inicialmente, donde el metal solía ser un refugio contra la volatilidad, y se explica en gran medida por la secuencia del shock.

La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Fed imprimió un giro a la política monetaria estadounidense. El nuevo titular expresó su preocupación por una inflación que se mantiene muy por encima del objetivo del 2% anual, lo que llevó al mercado a descartar los recortes de tasas y comenzar a anticipar subas.

Según Quinto, la apreciación del dólar profundiza el impacto sobre el oro por dos canales: encarece el metal en otras monedas, enfriando la demanda física fuera de EEUU, y redirige capital hacia activos en dólares. El driver más relevante fue la revisión al alza de la trayectoria de tasas esperada: tras los últimos comunicados de la Fed, los inversores postergaron las expectativas de flexibilización, empujando los rendimientos del Tesoro al alza y consolidando la fortaleza del dólar.

Para Ewa Manthey, estratega de materias primas de ING, "los factores estructurales que respaldan al oro permanecen intactos", aunque advirtió que "el camino al alza probablemente será más lento y más volátil de lo que esperábamos anteriormente".

Reserva Federal y deuda estadounidense

Para un activo cómo el oro que no genera flujo de renta, el nivel de las tasas reales y la fortaleza del dólar constituyen las variables de costo de oportunidad más directas.

En relación a las acciones a tomar por parte de la Reserva Federal, las tasas de interés más altas incrementan el costo de oportunidad de mantener posiciones en el metal y favorecen alternativas como la deuda pública estadounidense o determinados segmentos del mercado bursátil.

Chris Weston, analista de Pepperstone, describió el giro como profundo: "El mercado ya no debate cuándo se producirá la primera baja de tasas. La atención se ha desplazado hacia cuándo podría llegar la próxima suba y qué tan agresivo podría ser ese ciclo de endurecimiento monetario".

Se suma otro factor de peso: el ascenso de los rendimientos reales de la deuda estadounidense. La rentabilidad real del bono del Tesoro a diez años tocó máximos desde abril de 2025, en un contexto en que el capital migra hacia sectores de alto potencial de retorno, con las compañías tecnológicas vinculadas a la inteligencia artificial a la cabeza.

El efecto es doble: el oro pierde atractivo frente a activos que generan rendimiento y la fortaleza del dólar ejerce presión adicional sobre un metal denominado en esa misma divisa.

Las previsiones del Deutsche Bank reflejan esa cautela. La entidad espera que el oro cierre el cuarto trimestre cerca de u$s4.800 por onza, frente a una previsión media para este año 2026 de u$s4.631 y un objetivo de u$s5.300 para el año 2027.

La demanda de los bancos centrales

Pese al escenario más complejo para el segundo semestre, hay un factor que genera amplio consenso como límite a las caídas: la demanda de los bancos centrales.

UBS señala que el oro superó por primera vez a los bonos del Tesoro estadounidense en la composición de las reservas oficiales mundiales. Según estimaciones del BCE, el metal representa el 27% de las reservas internacionales, frente al 22% de los bonos del Tesoro y el 15% del euro.

Para UBS, ese cambio refleja una transformación más profunda: los bancos centrales ya no compran oro solo como herramienta de diversificación, sino también como cobertura frente a tensiones geopolíticas y perturbaciones financieras.

La Fed, árbitro del próximo movimiento

Entre las grandes entidades, la pregunta ya no es si el oro tiene argumentos para recuperarse, sino cuándo esos factores podrán imponerse frente a un eventual endurecimiento financiero.

A corto plazo, el consenso señala tres variables clave: las decisiones de la Fed, el comportamiento de los rendimientos reales y la fortaleza del dólar.

El World Gold Council identifica varios catalizadores capaces de modificar el escenario: un deterioro económico, un aumento de las tensiones geopolíticas, un cambio en las expectativas sobre las tasas de interés o el regreso de las compras por parte de los inversores de largo plazo.

La institución también subraya que el mercado del oro ya no depende exclusivamente de Estados Unidos: buena parte de los avances registrados este año se produjeron durante la sesión asiática, lo que refleja el creciente peso de esa región en la formación de precios.

Por ahora, el consenso de mercado apunta a que la evolución del oro dependerá menos de los acontecimientos geopolíticos que de los próximos datos de inflación y empleo en EEUU, referencias que condicionarán las decisiones de la Fed y determinarán si el metal encuentra un suelo definitivo o prolonga la corrección iniciada tras los máximos históricos de enero.

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