Fito Páez llenó el primer estadio Arena en su maratón celebratoria

Espectáculos

El cantante rosarino está festejando los 30 años de la aparición de su disco consagratorio “El amor después del amor”.

“Algo tienen estos años, que me hacen poner así”. La frase de la bella “Pétalo de sal” envuelve el espíritu de lo que ocurrió en el primer show de ocho en el Movistar Arena por los 30 años del disco “El amor después del amor”. Ese álbum, que fue el más vendido de la historia del rock en Argentina, marcó un punto de inflexión en la carrera de Fito Páez y combinó el sonido anterior con todo lo que vendría después, más cercano al pop que al rock. “El amor después del amor”, que alude al amor con Cecilia Roth luego de Fabiana Cantilo, abrió su carrera internacional y selló el romance con su público. Los cuarentones colmaron el estadio y evocaron esos años de juventud mientras pudieron oír en vivo todo el disco, de principio a fin, con arreglos que lo mejoraron y pusieron a Páez en lo más alto como director de orquesta. De hecho ese día había recibido la noticia de tres nominaciones a los Grammy latinos (dos por canción, una por álbum “Lo mejor de nuestras vidas”), tras haber ganado quince de estas distinciones, el año pasado como productor, ingeniería de grabación, y mejor álbum del 2021.

“Esto es algo lindo que pasó en nuestras vidas y no queremos olvidar”, fue lo primero que dijo Fito para intentar explicar el fenómeno de ventas con siete estadios agotados, lo que llevará alrededor de 80.500 personas. Y luego seguirá su gira por Córdoba, Estados Unidos, Venezuela, España, Chile y Uruguay.

Como hizo “U2” con “The Joshua Tree” para el aniversario de aquel álbum, Fito tocó en orden los 14 temas de un disco que se caracterizó en los 90 por el concepto de totalidad y las inolvidables colaboraciones con Charly García para “La rueda mágica”, Mercedes Sosa para “Detrás del muro de los lamentos”, Celeste Carballo para “Dos días en la vida”, Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro, Chango Farías Gómez, Osvaldo Fattoruso y varias junto a Fabiana Cantilo, la única invitada de la primera noche.

Cantilo volvió a ser corista de Fito en “Dos días en la vida”, “Brillante sobre el Mic”, “A rodar” y “Yo vengo a ofrecer mi corazón” pero bailó otros tantos temas y brilló de la mano de Páez como su musa inspiradora en la que describe la relación de amor intensa que los unió y todavía los une, a su manera. Mariela Emme Vitale desplegó virtuosismo con su potente voz como corista principal.

Ese público ya maduro que gritó y saltó en Vélez en 1993, en los estadios Obras o Luna Park, esta vez se alegró con las sillas ordenadas en el campo y se oyeron bromas sobre el dolor de cintura, lo que sin embargo no impidió agitar en los hits más festivos, como “A rodar mi vida” o “Mariposa tekcnicolor”. Tampoco faltaron los coros a capella con “Dale alegría a mi corazón”, convertido en un himno de estadio, y el pedido de encender las linternas de los celulares, que embellecen cualquier recital con esos destellos en la oscuridad.

Páez demostró que está en espléndida forma como pianista, cantante y sobre todo director de orquesta al frente de una banda contundente y talentosa. Las secuencias orquestales embellecieron los temas de siempre. En “Sasha, Sissí y el círculo de Baba” se destacaron el baterista Gastón Baremberg junto con el solo de Alejo von der Pahlen en saxo alto y barítono. Los vientos apoyaron a Fito al piano en la preciosa “Un vestido y un amor”, dedicada a Cecilia Roth, que describe la primera vez que la vio. Antes de dedicársela a Roth, presente en el campo, Páez recordó la noche en San Pablo en que Caetano Veloso le cantó ese tema a Roth mirándola a los ojos “y yo me morí de celos”.

Uno de los mejores momentos de la noche llegó con Juani Agüero y Vandera en guitarra criolla para “Detrás del muro de los lamentos”, junto a los tambores de Baremberg, que aggiornaron ese sonido folclórico tradicional en el que todavía se puede oír la voz de la inmensa Mercedes Sosa.

La primera parte cerró con “A rodar mi vida” y en los bises se destacó “11 y 6”, que Páez escribió en 1985, inspirado en una parejita de chicos de la calle a quienes vio en la esquina de Corrientes y Ayacucho y a los que les inventó una historia de amor. Otro momento orquestal maravilloso llegó antes del cierre de “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, con el exquisito bajo de Diego Olivero y orquesta (Juan Absatz en teclados y coros, Manu Calvo en trombón y Ervin Stutz en trompeta y flugelhorn), cerrando con un crescendo musical impecable.

El último instante mágico vino con un preludio impensado de “Ciudad de pobres corazones”, a cargo de la orquesta, combinando sonidos balcánicos con los de la música clásica, como de banda sonora de película, para que los bits de batería dieran pie al tema que Fito compuso desde el dolor tras el asesinato en Rosario de su abuela y su tía. Ese tema bautizó el disco, “Ciudad de pobres corazones”, que el martes sonó con potencia y belleza, con un mapping en el escenario que transportó al público a una ciudad de la furia. Aunque esa noche más que furia, lo que reinó fue la nostalgia por esos años que, sin duda, marcaron una etapa en quienes fueron e irán, y que nadie parece querer ni poder olvidar.

Temas

Dejá tu comentario