14 de noviembre 2005 - 00:00

Devaluado premio para una novela paleontológica

Hasta faltó Adriana Varela, la cantante, como si ella hubiera anticipado cierta tristeza o decadencia en la entrega del Premio Planeta (¿literatura?). Quinientas personas en el Alvear, sólo 30 sillas, pocos autores ( Osvaldo Bayer, Abel Posse, Jorge Rivera), algunos críticos y números musicales como el de dos jóvenes empeñosos que lucharon por el respeto para letras como la de « Naranjo en flor». Peor fue lo de Celeste Carballo, quien gritó buena parte de la noche y, a su modo, dijo cantar «El día que me quieras» con la garantía de que no lograría ningún amor. Anodina reunión, ya averiada por el pasado del plagio de Ricardo Piglia en su momento (confirmado por la Corte Suprema) o la injusta sospecha sobre el premio de Martín Caparrós (ya que Diego Guelar había llevado un texto con una historia con nombres semejantes). Tan golpeados vienen estos concursos literarios que hasta el monopolio «Clarín» se permite estos ejercicios.

Había ocho finalistas y, durante la reunión, se redujeron a cinco y, luego, a tres. Nadie explicó qué tipo de procedimiento se realizaba para semejante baja de inflación, ya que los integrantes del jurado se mezclaban entre el gentío, no se los advertía en un cenáculo discutiendo prioridades. Después, se consintió en que una sola era la triunfadora, dama de 36 años, Paola Kaufmann, científica que parece con más suerte en las letras -ya le dieron premio en otro concurso más desprestigiado, Casa de las Américas-, quien agradeció a «mi maestro» ( Abelardo Castillo) al cual la editorial en esa ocasión justamente le brindaba un homenaje. Merecido, sin duda, como el premio.

Para que todo fuera como en «Clarín» o en las competencias cubanas, el tema premiado de Kaufmann alude a la década del '70, a los militares, a un ambiente de «monstruosidades» en Bariloche aunque los paleontólogos de la novela allí perseguían a un solo « monstruo».Y encontraron a los de Jorge Rafael Videla y Eduardo Massera, también a residuos del nazismo. Casi nada el recorrido que propone la autora, se supone que apasionante. Por lo menos, para quienes la festejaron con una gracia de 100 mil dólares. Lo que es seguro: difícilmente haya plagiado a alguien con semejante y atrabiliaria pesquisa de los monstruos.

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