Traspaso presidencial: la imagen que esperó 91 años para repetirse

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El Gobierno y Alberto Fernández acordaron ayer cómo será la ceremonia de sucesión el 10 de diciembre. Se cerrará así una etapa de nueve décadas en las que un presidente no peronista, elegido democráticamente, no podía concluir su mandato

Marcos Peña, por el Gobierno saliente, y Santiago Cafiero, por el entrante, sellaron ayer el acuerdo de cómo será la ceremonia del traspaso de mando y la entrega de los atributos presidenciales el próximo 10 de diciembre. No es un dato menor. Hay que remontarse 91 años y 59 días en la historia del país para poder encontrar un hecho similar: el de un presidente no peronista, elegido democráticamente, que finalice su mandato en término y ceda su cargo, institucionalmente, a su sucesor. La última vez había sido el 12 de octubre de 1928, cuando Marcelo T. de Alvear le entregó la banda presidencial a Hipólito Yrigoyen. Dos años más tarde, en septiembre de 1930, se iniciaba el ciclo de dictaduras militares que avasallaron la Constitución hasta casi el final del siglo 20. Después, recuperada la democracia en 1983, las crisis económicas impidieron que mandatarios como Raúl Alfonsín o Fernando de la Rúa cumplieran su período presidencial. Sólo Juan Domingo Perón, Carlos Menem, Néstor Kirchner y Cristina Fernández - todos peronistas- pudieron, en estas nueve décadas, llegar hasta el último día de su mandato presidencial.

Sin duda, ni Alvear ni Yrigoyen imaginaron que aquel gesto simbólico que realizaron de traspaso del poder sería recordado casi un siglo más tarde como un hecho inusual. Según cuentan las crónicas de entonces, una multitud esperaba en los alrededores del Congreso la llegada del presidente electo el viernes 12 de octubre. A las 14:47, el auto del futuro mandatario llegó a la” esquina de Entre Ríos y Victoria” (la actual calle que lleva hoy el nombre del líder radical), detalló al día siguiente el diario La Nación. En el interior del Palacio, la asamblea legislativa esperaba reunida para el acto de jura. Una vez realizado, Yrigoyen-ya investido como presidente – recorrió el trayecto hasta la Casa Rosada, en un auto convertible, escoltado por una muchedumbre o “el pueblo y muchos forasteros” según consignaba el matutino.

En el pórtico de la calle Rivadavia, lo esperaba el subsecretario del Ministerio del Interior, Alfredo Espeche, para darle la bienvenida y acompañarlo hasta el primer piso de la Casa de Gobierno. Junto a la puerta del ascensor, Alvear esperaba a su sucesor a quien recibió con un “efusivo apretón de manos”. Esto marca una diferencia respecto a lo que sucederá en tres semanas. El traspaso no se realizó en el Congreso, como se hará en esta oportunidad a pedido de Alberto Fernández. En 1928, el presidente saliente y el entrante estuvieron, frente a frente, en Balcarce 50.

Cuenta la crónica del matutino que el Salón Blanco lucía imponente y colmado de invitados. “El tono severo de los trajes de etiquetas se confundía con las casacas de los diplomáticos y los entorchados de militares y marinos” detalla la crónica.

La ceremonia fue breve. Con todo el protocolo de la época, Alvear le tomó juramento. “Excelentísimo señor Presidente. Al entregaros por imperio de la ley y la voluntad soberana del pueblo las insignias de la primera magistratura, formulo los más sinceros votos por el mayor éxito de vuestro gobierno, para progreso y felicidad de la república”.

“El Sr Yrigoyen contestó agradeciendo esas palabras y formulando votos para la infinita ventura personal del Dr Alvear” concluye La Nación. Un hecho simple y protocolar aunque en la Argentina costó demasiado.

El diario Crítica, en su tapa de la edición vespertina de ese mismo día, con una ilustración en blanco y negro, inmortalizó ese momento histórico. En 19 días pero 91 años después, los argentinos volverán a ver una imagen similar pero en color, digitalizada y repetida en las redes sociales. Una muestra del largo tiempo recorrido.

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