4 de enero 2005 - 00:00

Marcha del rencor y el dolor por las víctimas

Al silencio presidencial sobre la tragedia en el boliche República Cromagnon -que recién rompió ayer Néstor Kirchner desde El Calafate- y la soledad de Aníbal Ibarra a la hora de enfrentar la crisis se sumaron anoche los graves incidentes a metros de la Casa Rosada. Fue en la desconcentración de la marcha en la que alrededor de 6 mil familiares de las víctimas del incendio repudiaron al Gobierno porteño por la ausencia de controles, pidiendo la renuncia de Ibarra y su enjuiciamiento junto al dueño del local bailable, Omar Chabán. De esta manera, la Argentina vuelve a vivir un fin y comienzo de año trágico que compromete, en este caso, al jefe de Gobierno porteño, quien anoche defendía su gestión en un canal de cable. Otra vez, los argentinismos cayeron en su círculo vicioso: la desidia y corrupción de quienes deberían controlar los locales nocturnos derivaron en la catástrofe que cobró hasta ahora 183 vidas; un gobierno nacional ante semejante catástrofe se mantuvo indiferente -dicen ahora que para «no hacer ostentación»-, y algunos ciudadanos a la hora de hacer su reclamo excedieron sus límites perjudicando incluso a quienes protestaban como ellos. Esta tensión ya se notaba horas antes de la marcha cuando Juan Carlos Blumberg quiso sumarse a la protesta y fue agredido de manera vil. También cuando un hombre se quemó «a lo bonzo» en plena concentración. Es grave.

La masiva movilización contra Aníbal Ibarra por la masacre ocurrida el jueves en República Cromagnon llevó ayer banderas argentinas con crespones negros y marchó pacíficamente. Más tarde, un reducido grupo de activistas agredió a pedradas a la Policía Federal, que fue obligada a dispersarlos con chorros de agua teñida de azul.
La masiva movilización contra Aníbal Ibarra por la masacre ocurrida el jueves en República Cromagnon llevó ayer banderas argentinas con crespones negros y marchó pacíficamente. Más tarde, un reducido grupo de activistas agredió a pedradas a la Policía Federal, que fue obligada a dispersarlos con chorros de agua teñida de azul.
Más de 6.000 manifestantes, en su mayor parte de clase media y con predominante presencia de mujeres, marcharon desde Once hasta Plaza de Mayo, y no sólo pararon frente a la sede del Gobierno de la Ciudad, sino que después de media hora de coros contra Aníbal Ibarra y también contra Néstor Kirchner se dirigieron ayer hasta el vallado montado frente a la Casa Rosada para manifestar allí.

La movilización, que fue pacífica en todo su transcurso, se degeneró cuando un grupo de jóvenes, adolescentes y activistas piqueteros, no más de 300, comenzó a las pedradas con los azules de la Federal apostados en el frente de la sede del Gobierno de la Ciudad. Los uniformados aguantaron la agresión que iba creciendo, hasta que tuvieron que intervenir los hidrantes que aguardaban a la vuelta, en la Catedral metropolitana. A partir de ahí fue el desbande de los vándalos, frente a los chorros teñidos de azul, corriendo por la desierta Avenida de Mayo.

En medio de los incidentes, los jóvenes enfurecidos hicieronbarricadas con basura y las prendieron fuego. Además, realizaron toda clase de graffiti y «stencils» (escrituras de aerosol hechas a través de un cartón, chapa o goma) en la Catedral, el Cabildo y el asfalto de Avenida de Mayo que transmitieron denuncias, quejas y el anuncio de otra marcha el jueves.

Un hombre mayor, politizado, de remera celeste y bermudas claros, dijo con rabia que «este señor (por Ibarra) vamos a ver cómo se las arregla para pedirnos el voto». Cierto es que en una Capital Federal habitada por 3 millones de habitantes, no parece que 7 mil puedan conmover a un dirigente político. Sin embargo, la manifestación de ayer, que rechazó la presencia de dirigentes como el independiente Juan Carlos Blumberg -lo escupieron, sus custodios se trenzaron a trompadas con algunos jóvenes y terminaronrefugiados en un hotel cercano a la calle Ecuador y Bartolomé Mitre, de donde partió la columna-o la mujer del líder piquetero del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD) Raúl Castells, Nina Peloso -a la que no aceptaron cuando quiso incorporarse a la marcha-, pareció representar el sentir de muchos porteños. El «que se vayan todos» de aquel 19 de diciembre de 2001, prenunciando la renuncia del gobierno de Fernando de la Rúa, no sólo se escuchó ayer corear; también hubo carteles que lo decían. Pudo observarse la presencia de dirigentes piqueteros de izquierda como Luis Cuperman y Eduardo Vega.

• Suspensión

Con la Avenida de Mayo cortada por la Policía Federal, el primer grupo que pasó a las 19 (de unas 60 personas con carteles colgados del cuello donde se pedía «Justicia» con la foto de una adolescente) no parecía anticipar la marea que se desplazó media hora más tarde.

Sobresalía una enorme banderola con la inscripción FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires), además de unas 50 banderas argentinasornadas con un crespón-negro. «Ibarra-Chabán,
la tienen que pagar» coreaban todos sin cansarse. Más agresivos, otros cantaban: «¡Andate Ibarra, por asesino, por coimero y por ladrón!»

Solitario, un trapo rojo con la leyenda del Frente de Trabajadores Comunistas (FTC) llegado desde Solano le ponía color a un grupo reducido que se enmascaraba en la multitud. Aunque sus coros los delataban: «Abajo el régimen colonial corrupto». Lo mismo pasaba con una banderola violeta que decía «Asamblea Flores». «Por Justicia para los Callejeros» rezaban otros, en tanto muchos exhibían remeras que los identificaban con ese grupo de rock. «¡Atención, atención, no los mató el incendio, los mató la corrupción!», era coreado por jóvenes y viejos, por hombres y mujeres que con una tarde y un anochecer tórridos caminaron más de 25 cuadras para hacer escuchar su bronca en forma pacífica.

Tanto que los organizadores de la marcha suspendieron los discursos, luego que el marido de
Jacqueline Santillán, una de las muertas, fue agredido por responsabilizar también a los padres por la muerte de niños. Luego de esta afirmación, algunos manifestantes lo agredieron y le quitaron el micrófono, y las madres de las víctimas suspendieron los discursos porque consideraron que había que evitar situaciones violentas.

La sede del Gobierno de la Ciudad estaba herméticamente cerrada, aunque podían verse las siluetas de quienes espiaban en el primero y segundo piso, donde están las oficinas de Ibarra y la Secretaría de Gobierno, por entre las celosías.En la vereda, una decenade cascos azules mostraban la presencia de la Guardia de Infantería, en tanto treinta agentes de la Federal con chaleco antibalas los acompañaban, siguiendo la evolución de la marcha. No se cercó la cuadra, entre Perú y Bolívar, porque un jefe policial señaló que esto podría haber exasperado los ánimos y ése no era el propósito.

La desesperación y la impotencia de un demente llevó a un hombre a prenderse fuego tras rociarse con combustible, durante la marcha en reclamo de justicia por las víctimas del incendio de Once, anoche en Plaza de Mayo. Se trata de José Buberman, de 60 años, que ha intentado suicidarse otras veces. El hombre fue retirado en una ambulancia del SAME con destino al Instituto del Quemado.

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