8 de diciembre 2017 - 14:58
Saúl, el hombre común que enfrentó al gigante en la lucha contra el cambio climático
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La laguna Palcacocha. Belleza y peligro en la Cordillera Blanca. Crédito: Alexander Luna / Germanwatch
Otros daños del calentamiento global ya se producen día a día. "A mí como andinista me perjudica porque se está perdiendo la belleza del paisaje. Pero además nos preocupa como agricultores, porque usamos las aguas que bajan de las montañas para riego; si la montaña se seca se secarán los ríos y perjudicará la producción de alimentos. Desde 2002 subo todos los años y veo el retroceso de los glaciares. Hace solo unos días escalé una montaña y comprobé que en dos meses tiene unos 30 metros menos de hielo", reseña.
En 2015 Saúl ya estaba realmente preocupado con el tema y lo conversó con un amigo ingeniero, quien le ofreció ponerlo en contacto con la ONG alemana Germanwatch. Luego llegaría la Cumbre del Clima en Lima, donde estableció relación con los ambientalistas y decidió iniciar la demanda. "Me dije: algo tengo que hacer, no puedo esperar a que todo pase". Pero, ¿contra quién? ¿Dónde?
• El blanco perfecto
"Yo sabía que los países como China y EEUU eran los que más emisiones de dióxido de carbono generaban. Pero entonces me enteré que la energética alemana RWE era la más contaminante en Europa. Como los jueces de la Corte alemana eran serios, decidimos hacerla allí", explica a este medio.
La Rheinisch-Westfalisches Elektrizitatswerk inauguró su primera central eléctrica en 1900, provee servicio eléctrico a más de 20 millones de clientes y gas a otros 10 millones. De acuerdo con un estudio de 2014, la compañía era responsable del 0,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero industriales históricas a nivel global. Además había admitido el volumen de contaminación de sus centrales alimentadas con combustibles fósiles. Era el blanco perfecto.
Saúl Lliuya, en el tribunal alemán. Crédito: Alexander Luna / GermanwatchLa demanda busca que RWE se haga cargo de una reparación económica proporcional a su contribución al cambio climático, que será utilizada para solventar las medidas de protección en Huaraz, reducir los riesgos de la laguna y que la casa de Saúl y la de miles de personas no sean afectadas en caso de un aluvión. "También necesitamos leyes que no permitan a las empresas contaminar", agrega.
Un rápido repaso del proceso judicial muestra que en noviembre de 2015 la demanda civil se radicó en la ciudad de Essen, donde RWE tiene su sede. En junio de 2016, la firma negó su responsabilidad por los daños climáticos en los Andes y desmintió el riesgo de aluvión y en diciembre, tras la audiencia, el tribunal regional desestimó el reclamo. En enero del siguiente año, Saúl apeló ante el Tribunal Superior Regional de la ciudad de Hamm. Y hace solo una semana, la sorpresa: la Justicia admitió la demanda para pasar a la fase de pruebas.
"No pensábamos que sería admitida, fue inesperado. Pero aunque nos sorprendió, fue justo. Porque las consecuencias del calentamiento global son reales y las sufrimos. Los países pobres que estamos de este lado del mundo ya estamos pagando las consecuencias. La desglaciación y sus riesgos son la prueba contundente, y el juez lo percibió. Nuestra demanda está basada en criterios científicos, de especialistas y glaciólogos que han hecho estudios en la laguna", justifica.
Como una pequeña parte de un tablero mucho más grande, el reclamo de Saúl es en esencia el que llevan los países en desarrollo a cada foro climático: que las naciones industrializadas se hagan responsables por ser los mayores emisores de gases de efecto invernadero y financien la adaptación de los efectos del cambio climático (esa es la idea base del demorado Fondo Verde Climático que promete entregar u$s 100.000 millones).
Para Germanwatch, la decisión judicial es "una clara resolución de que los grandes emisores son responsables de apoyar a la gente de los países pobres afectados por el cambio climático", un caso que podría marcar un precedente de consecuencias impredecibles.
Mientras tanto, la vida de Saúl continúa con las ambiciones de un hombre común, un andinista más en la nevada Cordillera Blanca. Ya conquistó los 6.768 metros del Huascarán, el pico más alto de Perú, y ahora va por un reto mayor: "Sigo soñando con ir al Aconcagua. Pienso que lo cumpliré, pero veremos, además del viaje me dicen que la entrada es muy cara... tendría que ahorrar un par de años".
Su otra montaña a coronar, en los tribunales germanos, le demandará otro tipo de reservas ante un proceso judicial que se presume de largo aliento. Por eso la victoria en la apelación no pudo llegar en mejor momento: "Yo iba con el sentimiento de que no podíamos ganar, sabemos que enfrentarse a una empresa tan poderosa es difícil, casi imposible. Pero ahora, a veces pienso: '¿Quién sabe? Por ahí ganemos'".




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