17 de octubre 2005 - 00:00

¿Ahora, bodas de a 3 en Holanda?

Utrech, Holanda - El pasado viernes 23 de setiembre, el holandés Victor de Bruijn, de 46 años, se vistió con sus mejores galas y se dirigió a una escribanía situada en el sur de la ciudad de Roosendaal, cercana a la frontera belga. Lo acompañaban su esposa Bianca de Bruijn, de 31 años, y la novia de ambos, Mirjam Geven, de 35. Los impolutos vestidos blancos que lucían ellas y las alianzas que portaba Bruijn en el bolsillo no dejaban lugar a la duda: se proponían celebrar una boda entre tres.

«Amo a Bianca y a Mirjam»,
decía este calvo holandés cuando abandonaba la escribanía llevando de los brazos a sus dos mujeres. «A veces, estas cosas pasan.» Desde allí, los Bruijn se dirigieron a un restorán griego, donde familiares y amigos los esperaban para celebrar la ocasión.

Victor y su esposa conocieron a Mirjam, divorciada de la ciudad de Middelburg, hace un par de años, en un chat de Internet. Sólo dos meses después, Mirjam se trasladó a vivir con la pareja y se compraron una cama más grande. «No es sólo una cuestión sexual», asegura Victor. «Nos queremos.»

En realidad, lo que Victor Bruijn y familia firmaron es un contrato de cohabitación, un documento que regula la convivencia del trío y la propiedad de sus posesiones, pero que, a efectos legales, no tiene el rango de matrimonio. Sin embargo, la imagen nupcial que da fe de que en la práctica la poligamia es un hecho ha sembrado en algunos políticos locales la duda de si Holanda, como ya sucedió con los matrimonios entre homosexuales, estaba siendo, una vez más, pionera. En esta ocasión, legalizando la poligamia.

Sin ir más lejos, Kees van der Staaij, parlamentario del Partido Cristiano Ortodoxo, escandalizado por la estampa de la familia Bruijn, ya ha pedido al ministro de Justicia que anule el contrato. Tampoco la publicación religiosa «Spero News» recibió muy bien la noticia. Sus articulistas han llegado a preguntarse si el próximo paso será el matrimonio entre «holandeses y criaturas del reino animal».

«Por ley, no nos podemos casar», ha aclarado el propio Victor de Bruijn. «Eso sólo es posible en Marruecos, pero no en los Países Bajos. Aun así, queríamos unirnos de manera oficial y ahora nos sentimos como un verdadero matrimonio.» En Holanda, los matrimonios polígamos están prohibidos y penados.

El escribano Ger Lugtenburg, ante el que se presentó el trío engalanado de boda, no encontró resquicio legal que imposibilitara el contrato. No violaba ninguna ley holandesa. «Jamás lo hubiese hecho si no fuese legalmente posible», dice.

-¿Por qué lo hizo?

-
Eso no le incumbe a nadie -protesta Lugtenburg malhumorado-. No me gusta este tipo de publicidad. Estas personas quisieron llamar la atención de los medios diciendo que se sentían como un matrimonio. Ha sido elección suya, no mía, y esto me impide desarrollar mi trabajo con normalidad.

• Dificultades

Lo cierto es que quienes pretenden que se revoque el contrato tendrán dificultades. Nick van Buitenen, un escribano que trabaja para una gran empresa de Utrecht, afirma que no se produjo nada ilegal ese viernes en Roosendaal. «Esto ocurre con frecuencia con personas que viven juntas en una casa, por ejemplo, con estudiantes. Este contrato de cohabitación es sencillamente un acuerdo como los de las empresas y no tiene nada que ver con la existencia de una relación íntima. No tiene implicación alguna en los impuestos sobre la renta, ya que generalmente no se puede tener más de un socio fiscal.»

A la población holandesa no parece molestarle esa llamada boda, aún más controvertida si se cae en la cuenta de que Bruijn y esposas no son musulmanes, religión que contempla la poligamia. Simplemente, Victor está enamorado de ambas. Ellas son bisexuales.
«Hubiese sido más difícil si fueran heterosexuales -dice él-; así, no tenemos celos.»

En unos cuantos foros de Internet, la gente opina que Victor no es más que un caradura con suerte. No es de extrañar. Los holandeses están acostumbrados a relaciones fuera de lo común. Uno de sus artistas más conocidos, Anton Heyboer, vivió nada menos que con cinco mujeres a la vez hasta que falleció, a los 81 años, el pasado abril.

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