Artimañas, presiones y peleas legales
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Ayer mismo, mientras los estadounidenses votaban, el demócrata John Kerry alentó a voluntarios encargados de convencer puerta a puerta a los últimos indecisos en Wisconsin.
Otra fuente de conflictos fueron las máquinas electrónicas utilizadas para votar por un tercio de los votantes. En Filadelfia (Pensilvania) fueron encontradas máquinas que contenían unos 2 mil votos al abrir distintos centros de votación, según el sitio de Internet Drudge Report. Pensilvania es también un estado decisivo.
En ocasiones, descifrar la boleta electoral, redactada en inglés y en español, se transformó en un dolor de cabeza. En Ohio se utilizaron máquinas perforadoras de papel para votar, y las boletas incluían flechas que señalaban casillas vacías. Máquinas similares estuvieronen el origen del caos electoral en Florida en el año 2000. En Dakota del Sur, un juez federal dictaminó que algunas tácticas empleadas por los republicanos contra los indígenas sioux -como anotar las placas de matrícula de sus vehículos o seguirlos después de votar-suponen una intimidación, y ordenó el final de esas prácticas. En ese estado, los republicanos pretendían desbancar a Tom Daschle, el líder de la minoría demócrata del Senado.
Los engaños de campaña tampoco cesaron ayer. En Nueva Jersey una serie de llamados telefónicos a los electores subrayaban que Norman Schwarzkopf, general responsable de la Primera Guerra del Golfo, daba su apoyo al demócrata John Kerry.
El general, que es republicano, protestó por la mentira. En Michigan los electores recibieron llamados telefónicos de una joven que recuerda que votar por Kerry significa «apoyar la legalización de los matrimonios gay».
Ciudadanos de distintos estados denunciaron también haber recibido llamadas telefónicas que les indicaban que si eran demócratas debían votar hoy en lugar de ayer, lo que obviamente tenía un fin de engaño. También fueron denunciadas presiones en el sentido inverso.
Entre otras picardías, se vio a John Kerry recorrer Wisconsin junto con un grupo de voluntarios encargados de arrancar del letargo a los votantes indiferentes.




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