3 de noviembre 2004 - 00:00

Artimañas, presiones y peleas legales

Ayer mismo, mientras los estadounidenses votaban, el demócrata John Kerry alentó a voluntarios encargados de convencer puerta a puerta a los últimos indecisos en Wisconsin.
Ayer mismo, mientras los estadounidenses votaban, el demócrata John Kerry alentó a voluntarios encargados de convencer puerta a puerta a los últimos indecisos en Wisconsin.
Washington (EFE, ANSA, AFP) - Los pronósticos ajustados y el recuerdo del polémico recuento de votos en Florida hace cuatro años motivaron que republicanos y demócratas extremaran las precauciones legales en la elección de ayer. Las artimañas electorales de militantes de ambos partidos estuvieron a la orden del día, así como picardías de los candidatos que, como en EE.UU. no existe la veda electoral, aprovecharon hasta el último minuto para seguir haciendo campaña.

La jornada comenzó con una decisión de la Corte Suprema, que rechazó una apelación del Partido Demócrata de Ohio, uno de los distritos más reñidos, para que los militantes republicanos que hacen de observadores en ese estado dejen de exigir la identificación de los votantes, algo que permiten las leyes locales. Los demócratas temían una campaña de intimidación dirigida contra las minorías y los votantes más empobrecidos.

• Intervención

En Florida, otro estado clave, los jueces debieron intervenir a raíz de diversas presentaciones. Uno de los puntos que generó más polémica estuvo vinculado a limitar la posibilidad de que militantes atosigaran con sus propuestas a los votantes en la misma fila de votación.

El Partido Demócrata desplegó a más de 10.000 abogados en estas elecciones. En declaraciones a la cadena de televisión CNN, el presidente del Comité Nacional Republicano, Ed Gillespie, afirmó que «cuando los otros dijeron que van a tener 10.000 abogados sobre el terreno, nosotros nos hicimos con otros tantos». A ellos se sumó el más de un millar de observadores federales enviado por el Departamento de Justicia a 25 de los 50 estados del país, tres veces más que hace cuatro años. A su vez, la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE) envió sus propios observadores y una veintena de supervisores internacionales, patrocinados por el grupo pro derechos humanos Global Exchange, también controlaron la elección.

En EE.UU., cada estado tiene sus propias leyes electorales y sus propios sistemas de votación. Las mayores lagunas legales radicaron en cómo garantizar el derecho a voto de aquellos que no aparecieran en el padrón. No existe una norma única y cada estado parecía tener una disposición particular.

Otra fuente de conflictos fueron las máquinas electrónicas utilizadas para votar por un tercio de los votantes.
En Filadelfia (Pensilvania) fueron encontradas máquinas que contenían unos 2 mil votos al abrir distintos centros de votación, según el sitio de Internet Drudge Report. Pensilvania es también un estado decisivo.

En ocasiones, descifrar la boleta electoral, redactada en inglés y en español, se transformó en un dolor de cabeza. En Ohio se utilizaron máquinas perforadoras de papel para votar, y las boletas incluían flechas que señalaban casillas vacías. Máquinas similares estuvieronen el origen del caos electoral en Florida en el año 2000. En Dakota del Sur, un juez federal dictaminó que algunas tácticas empleadas por los republicanos contra los indígenas sioux -como anotar las placas de matrícula de sus vehículos o seguirlos después de votar-suponen una intimidación, y ordenó el final de esas prácticas. En ese estado, los republicanos pretendían desbancar a Tom Daschle, el líder de la minoría demócrata del Senado.

Los engaños de campaña tampoco cesaron ayer. En Nueva Jersey una serie de llamados telefónicos a los electores subrayaban que
Norman Schwarzkopf, general responsable de la Primera Guerra del Golfo, daba su apoyo al demócrata John Kerry.

El general, que es republicano, protestó por la mentira.
En Michigan los electores recibieron llamados telefónicos de una joven que recuerda que votar por Kerry significa «apoyar la legalización de los matrimonios gay».

Ciudadanos de distintos estados denunciaron también haber recibido llamadas telefónicas que les indicaban que si eran demócratas debían votar hoy en lugar de ayer, lo que obviamente tenía un fin de engaño. También fueron denunciadas presiones en el sentido inverso.


Entre otras picardías, se vio a John Kerry recorrer Wisconsin junto con un grupo de voluntarios encargados de arrancar del letargo a los votantes indiferentes.

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