• «En Uruguay, la revolución no se hace ni domingos, ni a la hora de comer ni cuando juegan Peñarol o Nacional.» Risueña, Nadina encontró ese argumento para explicar por qué, cuando faltaban apenas unos minutos para que Tabaré Vázquez jurara fidelidad a la Constitución en el Palacio Legislativo, todavía no había llegado la marea de uruguayos que se esperaba para asistir a la ceremonia. La mujer, vieja militante del Frente Amplio, sabía de qué hablaba: ayer hubo asueto en Uruguay y tanto la administración pública como los comercios estuvieron cerrados. En los hechos, un feriado. Después las calles y las plazas se llenaron de gente, aunque no tanto como en la «gran noche» del 27 de octubre, cuando al acto de cierre del FA asistieron más de 400.000 personas.
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• Las medidas de seguridad impuestas en la ceremonia de asunción, esencialmente por la presencia de mandatarios extranjeros, llamó a risa a muchos uruguayos. En los días previos, por caso, se había hablado de que la policía apostaría 180 francotiradores en las terrazas de los edificios que dan a la avenida del Libertador. Al final, no hubo tal despliegue, aunque hubo en las calles un operativo con más de 2.000 policías.
• Hasta último momento, los militantes del Frente Amplio esperaron la llegada de Fidel Castro a pesar de que el cubano había avisado el lunes que no asistiría a la asunción por «razones de salud». Los uruguayos que desde temprano estuvieron frente al Palacio Legislativo aseguraron que, al final, Castro aparecería de sorpresa una vez que Tabaré asuma la presidencia para, de ese modo, cumplir su juramento de no pisar Uruguay mientras Jorge Batlle sea presidente. • El fenómeno Tabaré generó un jugoso mercado para buscavidas y vendedores callejeros. Casi como si se tratara de una estrella de rock o de un artista, se vendían materos -para llevar el equipo de mate-, gorros, carretas, boinas y remeras con la cara del flamante presidente. Cada artículo de ese curioso merchandising político costaba el equivalente a entre 5 y 12 pesos argentinos. Otro negocio era el de los pintores al paso que con potes de témpera dibujaban tres rayitas -roja, azul y blanca, los colores del Frente Amplio-en la cara de los fanáticos, un resabio de la práctica carnavalesca, todavía vigente en Uruguay.
• Además de Jorge Batlle y los príncipes de Asturias, Eduardo Duhalde también debió soportar abucheos. «¡ Abajo el imperialismo!», gritó parte del público al príncipe Felipe y su esposa Letizia Ortiz. Más temprano, Duhalde había sido recibido en su hotel con fuertes insultos. Esto derivó en una escaramuza con golpes de puño con manifestantes que repudiaron los agravios al ex presidente argentino. Integrantes del grupo agresor se justificaron alegando que eran argentinos, pero recibieron como respuesta que en Uruguay está «todo bien» y que se fueran a gritar a su país. • Siempre inquieto, Hugo Chávez se paseó charlando, en la previa de la jura, tanto en el hotel Radisson Victoria Park -donde se alojaron todos los presidentes invitadoscomo en el Edificio Independencia -donde se realizó el traspaso de mando-. Fue el más activo de todos y concentró todas las miradas por la charla, seria y en un aparte, que mantuvo con el brasileño Luiz Inácio da Silva, con quien acaba de firmar acuerdos de cooperación.
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