Brasil le imputó a Chávez "interferencias" y "gestos adolescentes" a Evo Morales
Está enojado el gobierno de Lula da Silva. No es tanto porque el presidente de Bolivia, Evo Morales, haya decidido aumentar el precio del gas que exporta porque, en definitiva, puede representar un costo de 700 millones de dólares por año, no gravitantes en Brasil cuyas exportaciones este año pueden llegar a 130.000 millones de dólares. El problema del gobierno brasileño tiene dos aspectos que consideran graves. Por un lado, quedó demostrado que son muy vulnerables en gas (Bolivia les aporta 50% de su consumo nacional pero 70% de su joya industrial como es la ciudad de San Pablo). Tienen que encarar una afanosa búsqueda de gas en su territorio cuando hace 10 días habían logrado, después de años, autoabastecerse de petróleo, algo que en la Argentina se logró ya en 1960. Además la Argentina puede prescindir del gas boliviano que sólo usa en 4% y eso para abastecer a Chile y Uruguay, si no, no necesitaría el gas boliviano. El segundo problema de Lula da Silva es que en su intento de encabezar políticamente a toda Sudamérica apareció la sombra amenazante del venezolano Hugo Chávez y sus petrodólares. Ya nadie duda de que Chávez -que este año manejará 65.000 millones de dólares provenientes del petróleo- es el guía espiritual y consejero de Evo Morales, un líder cocalero que Lula consideraba su allegado por la ayuda prestada para ganar las elecciones. Paraguay, Chile, Uruguay, Colombia y Perú -si gana la segunda vuelta el 4 de junio Alan García- miran más a Estados Unidos que a los grandes países de Sudamérica. Una vez Kirchner admitió públicamente un primer lugar para Brasil pero nadie ignora ahora que al presidente argentino no le desagrada el gesto de Evo Morales y el tropiezo brasileño aunque se junta de inmediato con Lula da Silva en la desconfianza contra Chávez. Brasil tuvo que admitir que Bolivia tenía derecho a un aumento razonable para su producto base, el gas, y aprovechar la mayor riqueza de sus países abastecidos como fuertes exportadores de materias primas que atraen en el mundo y que el altiplano no produce. Pero con la acción disociadora permanente de Hugo Chávez, Brasil estalló y prenuncia un reposicionamiento de Latinoamérica para el fenómeno venezolano que pasó de ser acechanza a real amenaza.
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Escudo de Bolivia, Hugo Chávez y Lula da Silva.
Haciendo por primera vez explícitas las diferencias entre ambos gobiernos, Amorim también atacó al gobierno de Chávez en cuanto a su integración al Mercosur: «Venezuela debe adaptarse al Mercosur y no el Mercosur a Venezuela», enfatizó el canciller de Brasil.
Amorim dijo que «cuando Chávez dice que hay que fundar un Mercosur social o un Mercosur político, le decimos que hay instancias que funcionan muy bien en esos ámbitos dentro del bloque».
La oposición política brasileña criticó la actuación de Lula en el caso de Bolivia y el proyecto de construir un ducto de unos 8.000 kilómetros para llevar gas natural desde Venezuela hasta la Argentina y que involucraría a otros países.
Lula defendió el proyecto, que tendría un costoque superaría los 20.000 millones de dólares, como una obra que tendrá las proporciones de la Muralla China.
Reiterando otras críticas a la actuación de Lula, el senador opositor Arthur Virgilio (PSDB) insistió en que Brasil estaría perdiendo el liderazgo en la región ante Chávez.
Además de los efectos coyunturales que tiene la nacionalización dispuesta por Bolivia, es la presunta pérdida de liderazgo brasileño a manos de Chávez lo que encendió las alarmas de Itamaraty, sede de la cancillería brasileña.
«¿Brasil va a continuar asistiendo a la audaz y, para mí, nefasta interferencia del presidente Hugo Chávez, con el propósito de ser el líder de América del Sur?», preguntó Virgilio.
El senador socialdemócrata que temía que naciera «un nuevo eje de poder en América del Sur, ya no más con Brasil y la Argentina, sino de Venezuela y la Argentina».
En lo atinente a los intereses de Petrobras en Bolivia, Amorim consideró que está la puerta abierta en torno al pago de indemnizaciones por la nacionalización. «El decreto no es en mi opinión totalmente claro», dijo Amorim. «En mi lectura, la nacionalización se focaliza en las refinerías», donde el Estado boliviano se adjudicó la mayoría accionaria, afirmó el canciller.
El decreto «no incide directamente sobre los contratos de abastecimiento de gas», aunque podría hacerlo «indirectamente», dijo el ministro. Además, «no está dicho en ningún lado que esa nacionalización no esté acompañada de una forma de compensación», señaló.
La mitad del consumo de gas en Brasil (25 millones de metros cúbicos al día) procede de Bolivia. Las negociaciones bilaterales se iniciarán hoy, con la presencia en La Paz del ministro de Energía de Brasil, Silas Rondeau, y del presidente de Petrobras, Sérgio Gabrieli. Amorim anunció además que Lula le pidió viajar a Bolivia en los próximos días, para tratar el asunto personalmente con Morales.
Brasil no vacilará en «recurrir a todos los foros» previstos en caso de que no haya acuerdo, dijo Amorim. Mencionó en particular un foro de arbitraje en Nueva York, previsto en los contratos, para zanjar diferencias en cuestiones de precios.
«Los parámetros para el precio deben ser los que están en la nota firmada por los cuatro presidentes» en Puerto Iguazú. «A partir de un cierto precio, no se justifica más usar el gas boliviano», respondió al diario «O Globo».
Amorim calificó el despliegue militar ordenado por Morales en las instalaciones petroleras nacionalizadas como un gesto «adolescente» para «consumo interno».




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