23 de agosto 2005 - 00:00

Brasil: prensa, cuestionada

Brasilia - Los medios de comunicación destaparon los escándalos que sacuden a Brasil y despertaron un nuevo interés por la discusión política, pero son cuestionados, y no sólo desde el poder, por investigar poco y comprometer sin pruebas la reputación de personas y empresas, dijeron analistas.

«Los medios se mostraron muy activos como reproductores, no como investigadores, ya que no investigaron nada», estima Alberto Dines, editor jefe del Observatorio de Imprensa, un organismo independiente.

El ombudsman del diario «Folha de Sao Paulo», Marcelo Beraba, concuerda. «Nada de lo más relevante surgió de un trabajo investigativo propiamente dicho», pero «eso no desmerece lo realizado», porque «investigar la corrupción es difícil en todo el mundo» y, al fin y al cabo, «lo que importa es saber si la acusación es cierta o no», dijo.

Y, hasta ahora, se está verificando que buena parte de las acusaciones lanzadas en los últimos tres meses tiene algún sustento. La comparecencia de sospechosos ante las comisiones parlamentarias que investigan las denuncias se convirtió en la gran telenovela nacional, con millones de brasileños siguiendo las maratónicas transmisiones en vivo por radio y televisión.

Esa telenovela bate récords de audiencia y gravita en torno a un gran misterio: ¿el presidente Luiz Inácio Lula da Silva sabía del esquema de corrupción montado por su Partido de los Trabajadores, o fue «traicionado», como él afirma?

El interés generado ayudó a «construir un espacio público y una opinión pública» y eso «le da otra dimensión política a la crisis, porque cierra la posibilidad de dar marcha atrás en las investigaciones», sostiene Marialva Carlos Barbosa, profesora del departamento de Estudios Culturales y Medios de Comunicación de la Universidad Federal Fluminense, de Rio de Janeiro.

Desde el poder, se tiene otra visión: Lula critica el « denuncismo» y advierte: «Vamos a investigar, y solamente los culpables deberán pagar. Y alguien va a tener que disculparse por el nombre de los inocentes que fueron manchados por la prensa».

El diputado
Fernando Ferro, líder del PT en la Cámara de Diputados, volvió a denunciar la semana pasada la existencia de una «conspiración» y apuntó en especial a la revista «Veja». Ese semanario, que publicó algunos de los casos más sonados, entró en guerra con Lula. En una tapa reciente, transformó su nombre en Lulla, asociándolo con esa «ll» al ex presidente Fernando Collor, que renunció en 1992 antes de ser destituido por denuncias de corrupción.

La figura presidencial se ha visto preservada en los noticieros de televisión, clave para la formación de opinión en las clases menos pudientes, observan los analistas. No es así en las columnas de opinión, que cuestionan más frontalmente al mandatario y sus posibilidades de reelección en 2006
. Pero -por la menor difusión de la prensa escrita- los editoriales tienen menos impacto social, afirma Barbosa.

Marcelo Beraba reconoce que la prensa cometió « errores» al haber publicado «nombres de personas y empresas que tal vez estén envueltas en escándalos, pero que tal vez no».

Una luz amarilla se encendió además por el espacio concedido a las acusaciones sin pruebas contra miembros del gobierno hechas por un cambista que purga 25 años de cárcel y espera de ese modo obtener una reducción de pena. Muchos periodistas tampoco se sintieron a gusto con la divulgación facilitada por la Justicia de las confesiones de un detenido que fue asesor del ministro de Hacienda,
Antonio Palocci, y que lo acusó de haber cobrado coimas cuando era alcalde de Riberao Preto (estado de San Pablo).

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