Cameron se convirtió en el nuevo primer ministro británico
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"Hay que restablecer la confianza en nuestro sistema político", indicó Cameron durante su primer discurso como premier.
"Vamos a formar un nuevo tipo de gobierno", afirmó en la madrugada del miércoles, poco después de que los parlamentarios y el ejecutivo federal de su partido aprobaran "de manera abrumadora" el acuerdo con los conservadores.
"Espero que éste sea el principio de la nueva política en la que siempre he creído", agregó el que se convirtión durante la campaña en abanderado del cambio.
Los conservadores anunciaron que George Osborne, hasta ahora portavoz de Finanzas del gabinete de oposición, ocupará esa misma cartera en el nuevo gobierno, mientras que el ex líder del partido William Hague, será el nuevo ministro de Relaciones Exteriores.
Este desenlace fue propiciado por la dimisión del primer ministro laborista Gordon Brown, que pese a ser gran perdedor de las elecciones se aferró hasta el último momento al cargo, que "heredó" en junio de 2007 de Tony Blair, sin pasar por las urnas.
"Enfrentado a numerosos desafíos en poco años, retos que incluían la debacle financiera mundial, siempre me esforcé por servir, por hacerlo lo mejor posible en el interés de Gran Bretaña, sus valores y su gente", declaró al anunciar al país su dimisión como primer ministro y líder del partido laborista con "efecto inmediato".
Brown, que estuvo arropado por su esposa Sarah y al final también por sus dos hijos, deseó "buena suerte al próximo primer ministro en momentos en que deberá tomar importantes decisiones para el futuro", sin nombrar a Cameron.
Acto seguido, abandonó por última vez Downing Street en su Jaguar oficial para presentar formalmente su renuncia a la reina en el palacio de Buckingham, en una audiencia que duró 15 minutos.
Cameron llegó poco después al palacio, donde Isabel II le invitó a formar gobierno. La renuncia de Brown se produjo tras la ruptura de las conversaciones lanzadas oficialmente el lunes entre los laboristas y los liberal demócratas.
El equipo negociador de Clegg se reunió por la tarde durante cinco horas con los conservadores para tratar de cerrar su acuerdo, del que se conocen todavía pocos detalles y que debería precisarse en los próximos días.
Cameron había presionado a Nick Clegg, diciéndole que tras cinco días de negociaciones había llegado "la hora de la decisión".
Las dos partes acordaron inicialmente que cualquier acuerdo tendría como "eje central" la estabilidad económica y la reducción del déficit británico, que ronda el 12% del PIB, contra 3% antes de la crisis.
En la noche del lunes, los conservadores ofrecieron también un referéndum sobre la reforma del sistema electoral vigente, que ha sido uno de los caballos de batalla de los liberal demócratas, aunque hasta donde se sabe no contemplaría introducir la proporcionalidad que quería Clegg.
A pesar de las grandes diferencias existentes entre sus programas, especialmente en ámbitos como Europa, la Defensa, la inmigración o la reforma del sistema electoral, la aritmética favorecía este pacto entre los conservadores, que obtuvieron 306 escaños -20 por debajo de la mayoría absoluta- y los liberal demócratas porque juntos dispondrán de un grupo mayoritario de 363 diputados en el nuevo parlamento británico.





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