Chávez incubó su derrota en larga serie de dislates
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3) la creación de un Estado socialista en Venezuela. Por estrecho margen, es cierto, pero las tres iniciativas quedaron enterradas, por ahora, bajo el peso de millones de votos.
La degradación se acentuó con el fin de la licencia a la emisora RCTV, la más popular del país, de profunda repercusión en un mundo que no lo entendió más que como una represalia y un ataque a la libertad de expresión. Eso llevó a Chávez a insultar a los legisladores brasileños -entre los que lo cuestionaron-, poniendo hasta hoy «en el congelador», como a él le gusta decir, el ingreso de Venezuela al Mercosur.
La saga continuó en la Cumbre-Iberoamericana de Santiago,-con su roce con Michelle Bachelet, a quien pretendió imponer la agenda, abandonando el tema convocante de la «cohesión social» para adoptar un lema más revolucionario, el del «cambio social».
Las peleas en ese foro llegaron al límite de lo bizarro con su entredicho con José Luis Rodríguez Zapatero y el rey Juan Carlos, y con sus posteriores amenazas -para nada veladas-a las empresas españolas con intereses en Venezuela.
El sonoro «¿por qué no te callas?» tuvo días después una repetición tácita en la cumbre de la OPEP de Riad. Allí, otro monarca, el saudita Abdala bin Abdelaziz, desautorizó públicamente sus exigencias, una a una: usar el petróleo como herramienta estratégica (contra una eventual intervención contra el plan nuclear iraní, se sobreentendía) y pasar a cotizar todas las operaciones petroleras en euros (la caída del dólar es indicio del colapso del «imperio», según dijo), principalmente.
Luego llegó la pelea con el colombiano Alvaro Uribe, quien puso fin a la mediación venezolana ante las FARC alegando torpezas e intromisiones de Chávez. Entre las quejas del colombiano se mezclaron hechos atendibles y la evidente incomodidad por estar cediendo una tribuna política privilegiada a los terroristas y al venezolano, a quien hasta entonces detestaba amablemente.
Tal vez intuyéndose perdido, el Chávez previo al referendo fue el más agresivo y aislacionista que se recuerde. Insultó y confrontó a diestra y siniestra. No le sirvió de nada. Tal como quedaron las cosas ayer a la madrugada, se quedó sin reelección y deberá dejar el poder a principios de 2013. Pero el camino no será tan llano. El propio Chávez ya lo advirtió: «Nosotros estamos hechos para una batalla larga. No pudimos... por ahora».




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