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Benjamin Netanyahu y Isaac Herzog.
Herzog declaró a su vez que los resultados le permiten ser primer ministro. "Todo está abierto", dijo el líder de la Unión Sionista ante simpatizantes en Tel Aviv.
Unos 5,88 millones de electores estaban convocados en más de 10.000 centros de votación. Los colegios electorales cerraron a las 20H00 GMT.
A causa de la fragmentación habitual de la escena política israelí, los electores ya podían hacerse una idea de la configuración de su 20ª Kneset, pero podrían tardar semanas en conocer el nombre del nuevo jefe de gobierno.
Netanyahu, de 65 años de edad, primer ministro desde marzo de 2009, hizo una campaña progresivamente hacia la derecha para recuperar terreno, hasta el punto de anunciar que no aprobaría el proyecto de un Estado palestino si vuelve al poder.
"Está claro que el primer ministro Benjamin Netanyahu formará el próximo gobierno y por ello, decimos claramente que iremos ante el tribunal de La Haya (Corte Penal Internacional, CPI)", declaró a la AFP el responsable palestino Saeb Erakat.
"Todos hemos oído las declaraciones de Netanyahu contra un Estado palestino y en favor de la continuación de la colonización: ahora incumbe a la comunidad internacional asumir la iniciativa de Palestina al CPI y adhesiones a más organizaciones internacionales", añadió.
Fue el propio Netanyahu el que precipitó estas elecciones anticipadas, convocadas dos años antes de lo previsto, cuando a fines de 2014 rompió la coalición gubernamental, creyendo estar en posición de fuerza frente a sus adversarios, en particular Herzog.
Herzog, de 54 años, y su aliada la ex ministra de Relaciones Exteriores Tzipi Livni, basaron su campaña en los temas económicos y sociales. Herzog podría convertirse en el primer jefe de gobierno laborista desde hace 14 años.
De las 25 listas en competición, unas 11 superarían, según los pronósticos, el mínimo necesario para acceder al reparto de escaños.
En el sistema político y electoral israelí, el presidente no está obligado a convocar al jefe del partido más votado para formar el nuevo gobierno.
Delante de un colegio en el barrio jerosolimitano de Beit Hakerem, varios electores manifestaron a la AFP la diversidad de sus preocupaciones.
Heitnar Chaim, un judío de unos 50 años ataviado de una kipá, votó por los ultraortodoxos porque "estos últimos años se ha tratado mal a los haredim (judíos ortodoxos)", y "en tanto que médico que debe tratarlos, (está) bien situado para ver que la pobreza ha aumentado".
Yacobi Gideon, de 60 años, votó por Kulanu, la lista del centrista Moshe Kahlon, un exmiembro del Likud al que casi todos ven como la clave de una futura coalición.
"Con la izquierda y la derecha no cambia nada. Así que voto a Kahlon, que es el único en el que confío para cambiar las cosas en el ámbito económico", cuenta Gideon.
Los árabes israelíes, descendientes de los palestinos que no abandonaron sus tierras al crearse el Estado de Israel en 1948, se movilizaron masivamente, con el objetivo de sacarse de encima a Netanyahu.
"Es la primera vez que veo tanta gente", declara Ehab Hamam, de 37 años, delante de una oficina electoral de la ciudad de Haifa, donde viven árabes y judíos, en momentos en que unas cincuenta personas esperan para votar. "Votar es decirle a la derecha que aquí estamos", agregó.




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