Con Sarah Palin nació una estrella
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Sabedora de que su audiencia en la convención de Saint Paul entendería de inmediato, Palin echó mano del siempre peligroso sarcasmo y se burló del pasado de Obama como «organizador comunitario», del escenario de «falsas columnas griegas» de su discurso la pasada semana en Denver y hasta del sello de candidato presidencial que lució durante unos días emulando al presidencial.
Con lo que muchos llamaron un «fiero» discurso, Palin se ganó la admiración de los mismos medios a los que atacó crudamente como «la élite» que se negó a aceptarla desde el principio.
Palin «atacó con alegría a Obama», escribió «Los Angeles Times». «No dejó dudas sobre su resistencia para el combate político», agregó. «La gobernadora de Alaska demostró ser más que capaz de defender con fuerza al candidato John McCain y de conectar algunos puñetazos bastante buenos dirigidos tanto al candidato demócrata como a la 'élite de Washington'», aseguró en un editorial «The Washington Post». El mismo rotativo, sin embargo, también advirtió de que su brillante discurso no borra todas las dudas sobre su « increíblemente delgado currículo», y que «el país necesitará escuchar mucho más» de Palin.
En la misma línea se mostró su homólogo demócrata Joe Biden, que se encargó de la respuesta de su partido. «No escuché una sola palabra sobre la clase media, sobre el seguro de salud, sobre Afganistán o sobre Pakistán, que es donde vive Al-Qaeda», afirmó el senador por Delaware, que se medirá con Palin en un debate de vicepresidentes el 2 de octubre en San Luis. (Obama, en tanto, se quejó ayer de que los ataques de la candidata en su contra demuestran que los republicanos «no tienen una sola idea concreta sobre cómo van a mejorar las vidas de los estadounidenses de clase media»).
Los diarios más conservadores hablaron de «un estreno perfecto». «Un debut de dinamita ante una audiencia nacional», escribió en un editorial «The New York Daily News». «¡Qué fantástico es tener una mujer como candidata a vicepresidenta, una que viene de los Estados Unidos reales donde la gente paga facturas!».
Pero sin duda, el más satisfecho en todo el país era John McCain, el hombre que tomó una vez más un riesgo para muchos desmedido nombrando a Palin. Tras ver la reacción del público en Saint Paul, el senador por Arizona se salió del guión y subió al escenario para abrazar a su nueva mano derecha: «¿No creen que tomamos la decisión correcta para la próxima vicepresidenta de Estados Unidos?».




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