15 de mayo 2007 - 00:00

Cuenta regresiva para Ahmadinejad

Occidente suele pensar al régimen islamista de Irán como dominado por una única tendencia, minimizando sus disidencias internas. Este dato es crucial para imaginar acciones internacionales que favorezcan su democratización. Según este artículo de Simon Tisdall, publicado por el diario británico «The Guardian», la represión y el desmanejo económico han hecho emerger una poderosa oposición al presidente ultraislamista Mahmud Ahmadinejad.

Teherán - Una gran coalición de fuerzas antigubernamentales está planeando una segunda revolución en Irán por la vía de las urnas para impedir que el presidente Mahmud Ahmadinejad renueve su mandato y para sacudirse el férreo control de lo que llaman «un Estado de milicianos» sobre la vida pública y la libertad personal.

Animados por sus recientes éxitos en las elecciones locales, grupos de oposición, defensores de la democracia y clérigos partidarios de la reforma sostienen que van a unir a los partidos progresistas leales al ex presidente Mohamad Khatami con los denominados conservadores pragmáticos encabezados por el ayatolá Hashemi Rafsanjani.

La alianza tiene por objeto aprovechar la cada vez más acentuada impopularidad del presidente, causada por el elevado desempleo, la inflación creciente y una inminente crisis de los precios del petróleo, con la posible implantación del racionamiento de determinados artículos de primera necesidad, para alzarse con el control del Parlamento (Majlis) en las elecciones generales previstas para dentro de 10 meses.

El Parlamento votó la semana pasada un acortamiento del mandato de Ahmadinejad al aprobar la celebración simultánea de elecciones presidenciales y parlamentarias el año que viene. Aunque es probable que la decisión sea vetada por el Consejo de Vigilancia de la Revolución, sirvió para airear el descontento del Parlamento.

Sin embargo, la oposición asegura que hay un objetivo más ambicioso: derribar el régimen fundamentalista por medios democráticos, transformar Irán en un «país normal» y evitar una intervención militar de EE.UU.

El movimiento supone un signo clarísimo de que el país no está unido tras un presidente que lo ha llevado a la confrontación con Occidente a propósito de la cuestión nuclear, al mismo tiempo que lo ha conducido a la decadencia económica en el interior. «Los dos últimos años han representado para Irán una época muy amarga», declara Mohamad Atrianfar, una figura destacada de la oposición vinculada a Rafsanjani, el ex presidente que se perfila como la persona más influyente de Irán en el futuro. «Ahmadinejad puso todo patas para arriba, la política, la economía, la política exterior, y está poniendo en riesgo todo lo que se había logrado. Ha hecho mucho daño en el interior y en el exterior». Atrianfar explica que hay en el Majlis una mayoría crítica con el presidente que lo recusaría si no fuera porque cuenta con el respaldo del jefe supremo, el ayatolá Ali Khamenei.

Fuentes de la oposición han manifestado que un futuro gobierno reformista pragmático seguiría proclamando el derecho de Irán a la energía nuclear, así como otros «derechos nacionales», pero que se esforzaría por solventar las disputas mediante negociaciones.

El presidente ha tenido que hacer frente, en las últimas semanas, a críticas cada vez más extendidas por culpa del alto porcentaje de desempleo, especialmente entre los más jóvenes, la suba de la inflación y el aumento de los precios de la vivienda. Lo más importante, tratándose de uno de los grandes productores de petróleo del mundo, es que está previsto que los precios de los combustibles, fuertemente subvencionados, suban el mes que viene, lo que perjudicará muy seriamente en mayor medida a la población más pobre en un país en el que además el transporte público es muy deficiente, por no decir inexistente.

En una intervención poco corriente, el gran ayatolá Yusef Sahanei, una de las autoridades islámicas más respetadas de Irán, atacó al gobierno de Ahmadinejad por haber sido incapaz de frenar males de la sociedad como el desempleo juvenil, la adicción a las drogas y las desigualdades de sexo.

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