París (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Los disturbios callejeros volvieron a extenderse ayer a la madrugada a lo largo de la periferia de París y con ellos la preocupación general por un fenómeno que hasta ahora no pudo ser detenido y al que no se ve un final fácil.
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En lo que fue la séptima jornada de violencia, grupos de jóvenes -mayoritariamente de origen extranjeroprovocaron graves disturbios en nueve zonas de los suburbios empobrecidos que rodean la capital francesa en el Norte y en el Este, al prender fuego a 40 autos, dos colectivos y cestos de basura, además de causar daños a una escuela y a un centro comercial.
Cientos de policías se desplegaronpara controlar los incidentes,y algunas unidades debieron ser desviadas de su presencia en un partido de fútbol. Las fuerzas de seguridad señalaron que en la localidad de La Courneuve un desconocido efectuó dos disparos contra agentes antidisturbios, aunque nadie resultó herido, al igual que en Noisy-le-Sec y Saint-Denis.
En Aulnay-sous-Bois, el fuego causado por los exaltados alcanzó las aulas de una escuela de educación primaria y un concesionario de autos, mientras en Blanc-Mesnil ardió parcialmente un gimnasio, y en Antony los manifestantes lanzaron dos «cócteles molotov» contra la comisaría, que sufrió daños leves.
Todos estos sucesos tienen su origen en la muerte accidental de dos inmigrandes adolescentes, electrocutados en un transformador eléctrico de Clichysous-Bois, el pasado 27 de octubre, y cuyas familias presentaron ayer una denuncia contra desconocidos por no asistencia a personas en peligro.
Un sindicato que representa a policías describió la situación como una «guerra civil» y pidió al ministro del Interior, el acosado Nicolas Sarkozy, que imponga un toque de queda en las zonas involucradas en los hechos para asegurar que no se descontrole la situación.
• Equilibrio
El gobierno se ha estado esforzando por encontrar un punto de equilibrio entre la necesidad de asegurar la ley y el orden, y al mismo tiempo mostrar que comprende los problemas que enfrentan las minorías y las comunidades marginadas.
El primer ministro, Dominique de Villepin, que decidió asumir las iniciativas del gobierno tanto en materia de orden público como de carácter social, se reunió ayer con los alcaldes de las zonas afectadas y la presencia de varios ministros, como los de Interior, Defensa y Justicia.
De Villepin también se comunicó con representantes de asociaciones cívicas que tienen voz en la periferia parisina, para un encuentro con los ministros de Trabajo y Cohesión Social y para la Igualdad de Oportunidades. El retorno de la calma y el restablecimiento del orden público son «nuestra prioridad absoluta», afirmó De Villepin.
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