El editorial publicado ayer por el diario israelí «Haaretz» resulta interesante ya que plantea dividir en dos partes la actual crisis militar en Medio Oriente, adoptando estrategias distintas en Gaza y en el Líbano. Según el editorial, en el primer caso conviene avanzar hacia una salida negociada, incluso con Hamas; en el segundo, el uso de la fuerza contra Hizbollah tiene todavía lógica política. La tesis es controvertida y expresa un debate que se da en la sociedad israelí, así como en su gobierno, donde conviven el partido centrista del premier Ehud Olmert y el laborismo del ministro de Defensa, Amir Peretz.
El objetivo de la campaña en Líbano es distanciar a Hizbollah de modo que no plantee una amenaza a Israel. Las fuerzas de defensa de Israel, con un apoyo público muy amplio, están actuando para aplastar la capacidad ofensiva de esa organización y para debilitarla de modo que el gobierno libanés pueda desplegar de una vez por todas a su ejército en el sur del país. Este objetivo será alcanzado eventualmente por un acuerdo con Líbano patrocinado por los organismos internacionales.
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No es demasiado temprano para comenzar a celebrar contactos de esta clase aun cuando no hay en esta etapa intención de suspender las hostilidades. Por lo tanto, no hay razón para rechazar totalmente la oferta del primer ministro libanés para un alto el fuego ni, en el caso del primer ministro Ehud Olmert, para negarse a una reunión con una delegación de la ONU para comenzar a discutir maneras de solucionar la crisis.
Mientras no hay nada que discutir con Hizbollah puesto que su misma existencia como fuerza militar en el sur del Líbano es inaceptable, en la Franja de Gaza no hay razón para no intentar resolver la crisis por vías diplomáticas, directamente con el gobierno de la Autoridad Palestina.
En la Franja de Gaza, tal como en Líbano, la aspiración debe ser alcanzar un alto el fuego duradero con quienquiera pueda garantizar que será mantenido, ya sea Mahmud Abbas o Hamas, o con los dos. Si Israel sigue eligiendo puntillosamente con qué palestinos está preparado para hablar, es dudoso que resulte posible alcanzar un diálogo de cualquier clase con la Autoridad Palestina en el futuro próximo.
La promesa hecha por el jefe del servicio de seguridad Shin Bet, Yuval Diskin, a Abbas, en el sentido de que cualquier intercambio de prisioneros será realizado solamente con él, poniendo al gobierno de Hamas fuera del rango político del gobierno israelí, no servirá para hacer a Hamas menos legítimo a los ojos de los residentes de Gaza y de Cisjordania.
Es fácil atar al Líbano y a Gaza en un mismo paquete y decir que el mundo musulmán entero ha compuesto su mente para destruirnos y que debemos tomar una acción de fuerza para impedirlo. Es simple sumarse emocionalmente a la guerra de culturas de George Bush contra el eje del mal, pero se debe recordar que, al final, son los ciudadanos de Israel y no los estadounidenses quienes tienen que seguir viviendo en Medio Oriente. Por lo tanto, tenemos que pensar maneras que nos permitan coexistir, incluso con quienes no nos gusta estar.
Israel puede estimularse con el hecho de que Arabia Saudita, Jordania y Egipto no apoyan automáticamente cada ataque contra él, e intentar desde ese punto el inicio de negociaciones destinadas a formar un antieje del mal, un esfuerzo para alcanzar cierta normalidad en Medio Oriente.