20 de enero 2004 - 00:00

El Papa acepta renuncia de su mano derecha

Madrid - Lleva años pidiendo al Papa que le acepte la renuncia. Pero, hasta ahora, Juan Pablo II no había querido desprenderse de su mano derecha. Joseph Ratzinger se va. El cardenal alemán, que lleva 22 años velando por la pureza de la fe católica, dice adiós a la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) desde la que controló con mano firme la ortodoxia doctrinal.

Su sucesor al frente del más importante dicasterio romano será José Saraiva Martins, de 72 años, el cardenal portugués que dirige la Congregación para la Causa de los Santos que, de esta forma, pasará de la fábrica de santos a vigilar a los teólogos de todo el mundo.

Ratzinger, que pronto cumplirá 77 años, había manifestado en reiteradas ocasiones al Papa su deseo de retirarse por motivos de salud y dedicarse a escribir libros. Cuando cumplió los 75 años presentó su dimisión formal al papa Wojtyla, tal y como está previsto en el Derecho Canónico, pero el Papa no se la aceptó y le pidió que continuase al frente de su dicasterio.

El «panzer kardinal», como lo llaman en Roma, es uno de los colaboradores más estrechos del Papa y, a menudo, es considerado como el auténtico número dos de la Iglesia, por encima del secretario de Estado, cardenal Angelo Sodano.

Profundamente asociado al Pontificado del Papa polaco, la figura de Ratzinger pasará a la historia como la del teólogo que ayudó al Papa a poner orden en la Iglesia y a decapitar primero y domesticar después la Teología de la Liberación.
El cardenal Ratzinger se convirtió, de hecho, en el auténtico ideólogo del pontificado de Juan Pablo II. Y las últimas dos décadas de historia del catolicismo no se pueden entender sin analizar la figura de este teólogo alemán que dejó la cátedra por los despachos y se erigió, desde Roma, en el azote de teólogos díscolos y en el policía de la fe.

Y eso que en la época del Vaticano II (1962-1965), Ratzinger formaba parte, junto a Hans Küng, del ala progresista de la Iglesia, mientras el entonces cardenal de Cracovia se alineaba ya entre los conservadores. Pero pronto se pasó al bando conservador.

En 1968, sólo tres años después del fin del Concilio, de vuelta a la Universidad de Tubinga, donde era admirado por los seminaristas por sus posturas liberales, imprimió un cambio radical a su orientación teológica. Dejó en la estacada a su amigo Küng y a la «teología para el pueblo» para convertirse a la «teología para el Vaticano».

Roma lo recompensa pronto nombrándolo arzobispo de Munich en 1977 y cuando el papa Wojtyla llega al solio pontificio lo llama a Roma. Desde entonces es uno de los cardenales con más peso de la Curia. Aunque abandone su cargo de prefecto de la Doctrina de la Fe, seguirá siendo uno de los principales grandes electores del próximo Papa.

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