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Charles Scicluna.
El alto prelado agregó que además "la Iglesia siempre tuvo un gran cuidado de los niños", ya que éstos fueron puestos por Jesús como ejemplo de la verdadera fe.
"Recibir el Reino de Dios como un niño quiere decir recibirlo con un corazón puro, con docilidad, abandono, confianza, entusiasmo, esperanza. El niño nos recuerda todo esto, y todo esto lo vuelve precioso en los ojos de Dios y del discípulo verdadero de Jesús", subrayó monseñor Scicluna.
Es por eso, agregó, que "del corazón de Jesús sale un grito de eco profundo: dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidan, no se vuelvan un obstáculo en su camino hacia mí, no obstaculicen su progreso espiritual, no dejen que sean seducidos por el Maligno, no dejen que se vuelvan el objeto de vuestra impura codicia".
Esta codicia, dijo el prelado maltés, es la marca del pecado dentro de la Iglesia: "¡Cuántos pecados en la Iglesia por arrogancia, por ambición insaciable, por abuso e injusticia de parte de quien se aprovecha de su ministerio para ponerse en muestra, por miserables y fútiles motivos de orgullo personal".
Prosiguiendo en el comentario del Evangelio de Marcos, monseñor Scicluna recordó los versículos siguientes (9, 43-48), en los que Jesús advierte a sus discípulos que si su mano, su pie o su ojo es ocasión de pecado, es mejor separarse de ésa parte del cuerpo y salvarse que perecer en el Infierno "donde el gusano no muere y el fuego no se apaga".
"Muchos Santos Padres interpretan la mano, el pie y el ojo como el amigo querido a nuestro corazón, con el que compartimos la vida, a quien estamos atados por lazos de afecto, concordia y fraternidad", para recordarnos que "existe un límite a esta relación", dijo el fiscal de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Monseñor Scicluna afirmó que Jesús enseña que "si mi amigo, mi compañero, la persona que me es querida es para mi ocasión de pecado, o representa un obstáculo en mi peregrinaje, no tengo más opción, según el criterio del Señor, sino la de cortar ese lazo".
"¿Quién podría negar el dolor de esta elección?¿No se trata acaso de una cruel amputación? Pero aún así el Señor es claro: es mejor para ti entrar solo en el reino, sin una mano, sin un pie, sin un ojo, en lugar de quedar con tu amigo y descender con él en la Gehena, donde el fuego nunca se apaga", advirtió el alto prelado.
Tras la oración de intercesión y reparación, monseñor Scicluna presidió también en San Perdro una adoración del Santo Sacramento, "para rezar en este momento particular por la santificación de los sacerdotes".




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