23 de septiembre 2008 - 00:00

En busca del discurso imposible

Barack Obama
Barack Obama
John McCain salió ayer a hacer un desesperado esfuerzo para despegarse del gobierno de George W. Bush y, por tanto, de la crisis financiera con que éste cerrará sus deficitarios ocho años en el poder. Dijo que el presidente «falló» por no haber previsto la emergencia, fustigó con dureza la concentración inédita de poder que implica el plan de salvataje financiero de Henry Paulson y reclamó controles severos en su aplicación. Pero, más allá de que el candidato presidencial republicano pueda mostrar en su extensa foja de servicios como senador un perfil bastante independiente de la Casa Blanca, de cuyas iniciativas tomó distancia más de una vez, cabe preguntarse si su afán no resulta a esta altura impracticable.

Da la sensación de que McCain se ha quedado sin discurso posible, como les ocurre a todos los candidatos oficialistas que, en cualquier tiempo y lugar, necesitan realizar el salto mortal de desentenderse de una herencia política pesada y, a la vez, hacer uso de la maquinaria electoral del gobierno saliente. Tanto es así que los demócratas ya piensan no sólo en ganar la presidencia el 4 de noviembre sino en recuperar en 2010, por primera vez desde 1992, la mayoría en ambas Cámaras del Congreso.

Un repaso rápido de las propuestas de campaña del republicano demuestra cuán viejas han quedado a la luz de los últimos acontecimientos. Primero, un paquete de 10.000 millones de dólares para que propietarios en riesgo de remate puedan renegociar las hipotecas de sus viviendas. Segundo, amplias rebajas impositivas: a los combustibles, para aliviar a los consumidores por la carestía del petróleo; a los jefes de familia de clase media; a los ricos, haciendo permanentes los recortes que impuso Bush; y a las corporaciones, bajando de 35% a 25% el gravamen que pagan hoy. Tercero, un funcionamiento lo más libre que se pueda de los mercados financieros. Con respecto al primer punto, ¿no resulta ínfima la cifra de 10.000 millones de dólares en relación con la envergadura que ha tomado la crisis, que insumirá un piso de 700.000 millones de dólares para comprarles a los bancos sus activos « tóxicos»?

  • Impuestos

  • Sobre lo segundo, ¿se pueden prometer amplios recortes impositivos en medio del fenomenal esfuerzo fiscal que la crisis impondrá al país, más la amenaza inflacionaria que supone lanzar al mercado semejante cantidad de dólares? En línea con la oposición demócrata, Mc-Cain se opuso en los inicios de la era Bush a los recortes impositivos para los más ricos, pero luego, necesidad política mediante, los aceptó y hasta los hizo suyos en la campaña. ¿Tiene margen para desdecirse otra vez alguien que ha confesado que la economía no es su fuerte?

    Con respecto a lo tercero, en medio del descalabro, el discurso opositor de que es necesario imponer nuevas regulaciones a los mercados financieros parece hoy difícil de refutar, sobre todo cuando los hechos marchan por sí mismos en esa tendencia: para sobrevivir, Goldman Sachs y Morgan Stanley debieron convertirse ayer en bancos comerciales, poniendo fin a una era y aceptando, al dar ese paso, regulaciones más severas de la Reserva Federal.

    Además, si tantos paralelismos se hacen entre la situación actual y la crisis de 1929/1930, es posible preguntarse cuál será la salida ahora. En aquella coyuntura, Estados Unidos se asomó a la intervención estatal, al New Deal y a las fuertes regulaciones.

  • Oportunidad

    Barack Obama también ha propuesto recortes de impuestos, pero puede alegar que la crisis no lo tomará desprevenido, ya que siempre habló de compensar ese costo fiscal con una mayor carga para los más acomodados. Aunque no se trata aquí de hacer augurios, salvo sorpresas imposibles de ponderar hoy, la crisis le abre claramente las puertas de la Casa Blanca. ¿Podrá aprovechar la oportunidad?

    Acaso la mayor amenaza que aún se cierne en torno al futuro de Obama radique en lo mismo que lo hace tan atractivo para muchos, su condición de negro. Es que el racismo no ha desaparecido en Estados Unidos. Según una encuesta de « Associated Press»-Yahoo, 40% de los blancos admite tener todavía una opinión « parcialmente negativa» de los afroestadounidenses, y entre los propios demócratas, uno de cada tres admite referirse a ellos de modo peyorativo.

    Obama parece en condiciones de hacer historia y superar esa valla. Si finalmente lo logra, otro reto lo acechará de inmediato: el de lidiar con las acuciantes necesidades económicas de Estados Unidos, con sus guerras y sus amenazas de terrorismo en semejante marco de debilidad.
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