Escuchas: Murdoch transfirió responsabilidades a sus empleados y su protegida justificó el uso de espías

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El magnate Rupert Murdoch declaró ante el Parlamento británico y eludió tener cualquier tipo de responsabilidad en relación con el escándalo de las escuchas y los sobornos, mientras poco después su mano derecha, Rebekah Brooks, confesó haber usado detectives para conseguir información.

Murdoch y su hijo James, que también estaba citado a declarar, respondieron el interrogatorio de la Comisión de Cultura de la Cámara de los Comunes donde aseguraron que lamentan profundamente lo ocurrido y que se avergüenzan de ello.

"Hoy es el día de mayor humildad de mi vida", agregó el magnate que mostró un rostro áspero durante la comparecencia, y defendió que ante el escándalo de las escuchas y actos de corrupción él reaccionó de forma "rápida" y "transparente".

Aunque Murdoch reconoció que le produjo conmoción el caso de la adolescente desaparecida, de cuyo buzón de voz del celular los periodistas borraron algunos mensajes, lo que generó en sus padres falsas esperanzas de que estuviera con vida, descartó tener responsabilidad en todo lo sucedido.

Según el empresario, de 80 años, la responsabilidad última recae en "las personas en las que confié para dirigir el diario y en las personas en las que ellos confiaron", tras enfatizar que fue "engañado" por los responsables del diario "News of the World", que tras 168 años, cerró el domingo pasado por el escándalo.

En un momento de su declaración, un hombre sentado cuatro filas más atrás de donde declaraba, se levantó abruptamente de su asiento e intentó estamparle un plato con crema en la cara, lo que fue impedido por Wendi Murdoch (esposa del magnate), que estaba sentada y que le propinó una bofetada al frustrado agresor.

Luego, ante los Comunes fue el turno de Rebekah Brooks, quien calificó lo ocurrido en el diario como "horrible", y afirmó que "desde luego ocurrieron errores", aunque -en línea con Murdoch- insistió en que se actuó "rápidamente" cuando se obtuvo nueva información.

También basó su argumentación en que ella no tenía el panorama completo de espionaje de su equipo de trabajo.

Según Brooks -quien fue arrestada y se encuentra en libertad bajo fianza- ella se encontraba al tanto de que el News of The World utilizó a detectives privados, pero afirmó que "todos los diarios nacionales en el Reino Unido" hacen lo mismo.

También aseguró que nunca se reunió con Glen Mulcaire, el investigador privado acusado de realizar espionaje de manera masiva para el diario, y aseguró que no escuchó su nombre hasta el 2006, pese a que ella era editora del tabloide cuando salieron a la luz las acusaciones más serias.

Sobre los presuntos sobornos a la policía, Brooks afirmó que ella "nunca ha aprobado un pago" para un oficial. "Por mi experiencia de tratar con la policía, sé que la información que ellos ofrecen a los diarios es gratuita".

Antes de Broooks y los Murdoch, el renunciado jefe de Scotland Yard, sir Paul Stephenson, había sido el primero en pasar por la Comisión de Interior, donde aseguró que no quiso "comprometer" al primer ministro británico, David Cameron, en el discurso de su renuncia.

La comparecencia de Murdoch es seguida con gran interés en el Reino Unido y es uno de los actos de mayor relevancia llevado a cabo por la comisión parlamentaria fundada en 1979.

El poder de la comisión parlamentaria es, sin embargo, limitado, ya que sólo puede emitir recomendaciones. La comisión no puede exigir declaraciones bajo juramento.

Mientras las acciones del imperio Murdoch se desploman en caída libre, el encadenamiento de renuncias -los dos máximos jefes de Scotland Yard- y la abrupta aparición de un testigo clave muerto, amenazan con llevar el escándalo a niveles impensados.

En tanto, el líder opositor Laborista, Ed Miliband, que busca sacar provecho de la crisis desatada, el lunes echó en cara al premier David Cameron su "falta de sentido común" por contratar a Coulson (responsable de Comunicación de Cameron y director del diario News of the World durante las escuchas), así como su persistente negativa a admitir que fue un error.

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