16 de mayo 2003 - 00:00

Fin a una pareja por conveniencia

El príncipe Abdullah buscó en su distanciamiento de Washington la legitimidad que Bin Laden le niega. El triple atentado suicida del lunes en Riad lleva las huellas de Al-Qaeda -coordinación, oportunidad, avisos previos, objetivos-y demuestra que la casa real saudita no aprendió todavía las lecciones del 11 de setiembre.

La alianza se transformó y consolidó a mediados de los '70 tras el embargo de petróleo del '73 y vivió su máximo esplendor con Bush padre en la guerra de Kuwait ('90-'91), pero la grave crisis económica, la explosión demográfica, la influencia de los ulemas o clérigos wahabíes -una de las sectas más estrictas del Islam-, el 11 de setiembre y Osama bin Laden arruinaron un matrimonio de conveniencia.

Los ingresos por petróleo, que representan 75 por ciento de su producto nacional, han caído de 227.000 millones de dólares en 1981 a menos de 50.000 millones el año pasado y su renta por habitante, de 19.000 a 7.000 dólares; 90 por ciento de la riqueza está concentrada en los 8.000 miembros de la casa real y sus familias.


No hay contrato sin comisión de 5% a 10%. Si añadimos los más de 100.000 millones de dólares invertidos en armas estadounidenses en el último decenio y otro tanto en compensaciones a Washington por la guerra de Kuwait, los presupuestos disponibles para dar trabajo a los 20 millones de sauditas son insuficientes.

Acostumbrados a un salario por el mero hecho de ser saudita mientras unos cinco millones de extranjeros cubren alrededor de 65 por ciento de los puestos de trabajo y con 40 por ciento de la población con menos de 15 años en familias de seis a siete hijos, el sistema está en bancarrota.

•Pacto

El rey Fahd, con 80 años, no gobierna desde el '95, y el príncipe Abdullah, con 79, buscó en el apoyo de los ulemas y en el distanciamiento de Washington la legitimidad que Bin Laden, más popular que nunca en las mezquitas y entre los jóvenes, le niega.

El pacto del siglo XVIII de Mohamed Saud con el fundador de la secta wahabí, el carismático Mohamed Abdel Wahab, se fue renovando y los clérigos siguen controlando el sistema educativo y a los metaween o policías religiosos, que tienen poco que envidiar a los talibanes en su celo purificador de usos y costumbres. De sus escuelas o madrasas y de sus cinco universidades islámicas salen cada año unos 350.000 jóvenes con 70 por ciento de formación religiosa y poca o ninguna formación en las materias necesarias para encontrar trabajo. Son pasto ideal para las fundaciones, mezquitas y grupos radicales de todo el mundo islámico.

Con culturas a años luz, los intereses estratégicos de los dos países se van alejando. EE.UU. redujo de 24% a 8% sus importaciones de petróleo saudita desde 1990.

No será una ruptura brusca ni rápida. Docenas de las principales multinacionales estadounidenses, empezando por Bechtel y Boeing, tienen en Arabia Saudita desde hace decenios uno de sus clientes más importantes. Veinte de los 30 ministros sauditas son licenciados y 16 de ellos doctorados por universidades estadounidenses. Unos 100.000 sauditas son propietarios de casas en EE.UU. y la Autoridad Monetaria Saudita es uno de los principales propietarios de bonos del Tesoro estadounidense.

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