17 de abril 2007 - 00:00

Francia, la loca de la derecha

Próximas encuestas, en Francia, anunciarán una trepada de Jean Marie Le Pen, máximo líder de la derecha pura y objeto de burla por algunos de sus juicios no sólo en el arco de la «gauche». Era, es, el animal delicioso para la diversión del decadente «Le Monde» o la gracia casi centenaria del «Cannard». Pero las sonrisas se han congelado frente a los sondeos de intención de voto (dan un tercio de indecisos... ¿o de voto vergonzante?) y ya hay quienes imaginan que Le Pen puede ingresar a la segunda vuelta este domingo, frente a la hasta ahora máxima expresión del centroderecha, el ex ministro Nicolas Sarkozy (quien renunció al cargo, al revés de los funcionarios kirchneristas, porque se aplicaba a la campaña electoral). O sea, dos emergentes de un mismo sector, uno más moderado que otro, ambos con la política migratoria como prioridad. Sopa o sopa, se podrá decir, aunque este caldo electoral -si se produce-puede conmover a Europa.

El repentino avance de Le Pen destiñe a la socialista Ségolène Royal, tan ansiosa por conseguir un lugar que se dispone a cambiar de repertorio, ideología y hasta de sexo para ver si alguien la vota (notable falta de convicción en esta actitud de la izquierda: dice aggiornarse, se apropia del liberalismo, plantea distintas vías dentro del capitalismo como si lo hubiera soñado Marx, todo para sobrevivir en el reino de la política o el poder). Otro con el que Le Pen compite es François Bayrou, de filiación oportunista, un razonable tercerista que no vacilaría en aliarse a la Royal (algo así como la mezcla de Jorge Telerman y Elisa Carrió) para ver si juntos ingresan al ballottage para desplazar a un derechista y enfrentar al otro. Esta coalición no se descarta, aunque éticamente subleve a muchos franceses.

  • Nacionalismo

  • Lo cierto es que el cuadro político, repitiendo experiencias de antaño (2002), puede ubicar de nuevo a Le Pen -a quien se imaginaba superado en ideas y proyectos, ridiculizado hasta por su mujer ( bueno, a Sarkozy le pasó algo parecido y progresa)- en la ronda final, casi seguro para perder la posibilidad de ser presidente. Pero su sola llegada, si ocurre, determinaría que Francia ha robustecido una pasión nacionalista (al menos, como oposición a cierta extranjerización), reivindica valores conservadores, condena a su propia izquierda, nunca demasiado radical, y hasta explica actitudes como el colaboracionismo y la gestión aún discutible del mariscal Petain. El hecho habrá de impactar a los vecinos, a la propia unidad europea y, quizás, signifique un cambio de tendencia.

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