5 de febrero 2003 - 00:00

Gobierno de Lula ya busca profundizar giro a la derecha

Brasilia - Los principales operadores del gobierno de Lula, el jefe de la Casa Civil (jefe de Gabinete), José Dirceu, y el presidente del Partido de los Trabajadores, José Genoino, lanzaron una fuerte ofensiva para expulsar de sus filas a los sectores de la izquierda más dura y radical, reveló ayer la prensa local.

Uno de los dos hechos desencadenantes fue la decisión de una senadora del PT, Heloísa Helena, de ausentarse en la reunión en la que la Cámara alta consagró como su jefe a José Sarney, una figura especialmente antipática para la izquierda, que lo acusa de simbolizar el estilo más prebendario de la política tradicional.

El otro fue la grabación subrepticia y la posterior entrega a la prensa, de una cinta que registró una tensa y ríspida reunión el viernes último entre las bancadas del PT y el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, a través de la que tomó estado público una frase explosiva acerca de la imposibilidad de Brasil de pagar su deuda pública.

• Autoría

Este último episodio no tiene un autor intelectual identificado, pero todas las miradas apuntan al diputado Walter Pinto, quien negó las acusaciones y se defendió recordando que todas sus críticas al gobierno de Lula Da Silva siempre fueron efectuadas a cara descubierta y a la luz del día.

Además de los dos legisladores mencionados, al menos otra senadora, Ana Júlia, y los diputados Lindberg Farias, Luciana Genro y Babá serían los primeros en sufrir la purga prometida si la sangre llega al río
, señaló ayer «Folha de Sao Paulo». En tanto, las agrupaciones señaladas serían el Partido Causa Obrera (POC) y el Partido socialista de los Trabajadores Unificados (PSTU), los que surgieron de agrupaciones madre ya expulsadas del PT en 1990 y 1992, respectivamente.

De acuerdo con diversas fuentes consultadas, la conducción nacional del PT cree que la presencia de los sectores de la izquierda dura -trotskistas, cristianos de base, campesinos «sin tierra»- imposibilitará al gobierno llevar adelante acuerdos parlamentarios con partidos centristas a fin de sacar adelante las reformas de la seguridad social, tributaria y política, sin las cuales Lula no tendría posibilidades de protagonizar una gestión exitosa.

• Sanciones

«No es una cuestión de radicales o no radicales, es una cuestión de principio: ausentarse de una votación equivale a votar en contra y no vamos a admitir eso en el PT», tronó Genoino. «Voy a proponer al Directorio Nacional una advertencia pública a la senadora Heloísa Helena», quien, de persistir en su actitud, podría sufrir la aplicación del reglamento partidario -léase, la expulsión-, añadió.

«La opinión en el PT es libre, pero, después de cerrada una posición, es una obligación votar con el partido», explicó Geonino. Una suerte de «centralismo democrático» a la brasileña.

El otro episodio que puso al partido al borde de la ruptura fue el de la grabación del enfrentamiento entre Palocci y los legisladores. «Si descubrimos que un parlamentario hizo eso, será invitado a salir del partido», disparó Genoino.

Más allá de la deslealtad y del quiebre de la reserva del encuentro, la ira del gobierno es comprensible, dado que parte de lo revelado fue realmente explosiva.

Después de escuchar en un clima de fuerte tensión el peor de los insultos que un petista puede dirigir a otro -el mote de «neoliberal»-, Palocci se despachó con una declaración que jamás haría en público.
Los gobernantes anteriores «quebraron el país. Lo entregaron con una deuda impagable, una situación de absoluta insolvencia», dijo. Justo lo contrario de lo que quiere hacer creer al resto del mundo.

En las últimas horas, el ministro de Hacienda prometió ser «duro» con los radicales del PT y les sugirió que relean el programa de gobierno de la campaña electoral, sobre todo en lo relativo a honrar los compromisos externos.
«Tal vez pensaron que fue escrito para ganar una elección, pero en realidad lo fue para gobernar el país.» Pero rápidamente obtuvo respuesta. «Quisiera que el ministro me mostrara el programa del PT que habla de un aumento de las tasas de interés y del superávit» primario, dijo Faria. Lo curioso de la situación es que probablemente ambos estén en lo cierto, sólo que el problema es que la plataforma fue diseñada para contentar al espectro más amplio posible.

Los ideólogos de la ruptura creen que éste es el momento justo para desencadenarla, cuando Lula goza de la simpatía de 83% de los brasileños. Aunque se lleven algunos legisladores, los rebeldes no podrán alterar la relación de fuerzas en el Congreso.


Además, quedará allanado el camino hacia planes modernizadores negociados con los partidos centristas, y el mandatario podrá intentar imponer su autoridad e influencia para, al menos, moderar la oposición sindical a la polémica reforma previsional.

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