La crisis pone en cuestión al petrosocialismo

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Hugo Chávez asumió el poder en 1999, época en la que la palabra socialismo no cabía en su discurso, el petróleo cotizaba a precio vil: apenas 9 dólares por barril. El dato no le auguraba al experimento político del teniente coronel un futuro político auspicioso dado que, fluctuaciones aparte, el crudo representa alrededor de 80% de las exportaciones de Venezuela, la mitad de su Presupuesto y un tercio de toda la actividad económica del país.

Pero los tiempos cambiaron (¡y cómo!) y el petróleo llegó a rozar este año los 150 dólares, punto culminante de una escalada continua desde los albores del chavismo que entregó fondos suficientes como para inaugurar un sistema económico y político que, para bien o para mal, será troncal en la historia de Venezuela. Una oportunidad fantástica de desarrollo que, más allá de ciertos avances, sobre todo algunos innegables en materia social, parece haber sido desperdiciada por una gestión que ha hecho del despilfarro una norma. Si esto es así, y la historia no le da revancha con un nuevo repunte de los precios, a Chávez sólo le quedará el consuelo de no haber sido el único presidente de Venezuela en haber incurrido en el pecado de la falta de visión.

Esta semana el bolivariano previó que, crisis internacional mediante, el precio del crudo podría estabilizarse en 85 a 90 dólares por barril. Un escenario que abre interrogantes sobre las bases de un poder que se ha asentado en la holgura de la renta petrolera para, en lo interno, generar poder a partir de una política social masiva, y en lo externo, ganar aliados a punta de envíos de combustibles subsidiados, una cuenta que ya asciende a más de 33.000 millones de dólares.

Los años de Chávez, y de petróleo caro, han sido de fuerte expansión para la economía venezolana. Sólo por citar los últimos, cuando el auge fue más notable, en 2006 el PBI venezolano creció 10,3% y en 2007 8,4%. Este año, según estimaciones de agosto de la CEPAL, antes de que arreciara la crisis financiera mundial y el petróleo comenzara a desplomarse, el avance será de 6% para pasar a un mucho más magro 4% en 2009. El «milagro», por ahora, languidece y cabe preguntarse si, con ello, no languidece también su proyección política.

Difícilmente el gobierno venezolano podrá eludir el destino del ajuste, algo que ya reconoce el propio Chávez y que se impuso a sí mismo por la generosidad del gasto de los últimos años. ¿Cómo evitarlo si la inflación, según las estadísticas oficiales, acumuló 19,4% entre enero y agosto, proyectando una tasa anual de 27,4%, que analistas privados llevan más allá de 30%? Todo, hay que recordar, en el marco de severos problemas de abastecimiento de productos de primera necesidad, que el gobierno, previsiblemente, achaca a los especuladores, pero que, de cualquier forma, exaltan los ánimos.

  • Pronóstico

    El 23 de noviembre se realizarán en Venezuela unas elecciones regionales consideradas cruciales para el futuro del chavismo. Esto es así tanto porque algunos pronósticos (habrá que ver cuán interesados o imparciales son) dicen que el oficialismo podría perder en hasta ocho estados, como porque el gobierno ya asumió que no es invencible: la bofetada del referendo constitucional de diciembre del año pasado aún hiere el orgullo del inquilino de Miraflores. En cualquier caso, desde entonces si algo se ha acumulado en Venezuela son las polémicas sobre el liderazgo de Chávez y las estrecheces económicas.

    Cabe preguntarse qué es lo que ha ocurrido en Venezuela desde 1999, incluso cómo fue posible el fenómeno Chávez. Para comenzar a encontrar respuestas habría que pensar en un petróleo que no deja de fluir, una riqueza tal que nunca lleva a lamentar la retahíla de oportunidades perdidas. Una riqueza que, increíblemente, nunca llega a la gente en forma de desarrollo duradero y termina lanzándola a la aventura.
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