31 de diciembre 2001 - 00:00

Llega el esperado debut del euro en doce países

París - ¿Qué sentiría usted si en lugar de recibir un cheque por 600 dólares, le dieran uno por 4.000? La situación, impensable en la Argentina de estos días, sorprendió a un francés, que saltó de alegría al ver que -por un error-sus
4.000 francos se habían convertido en 4.000 euros.

También es fácil imaginar la sorpresa de los habitantes de un pueblo del norte de Francia que al ir al cajero a retirar los últimos francos en circulación para el fin de semana, fueron los primeros europeos en recibir por ese medio la nueva moneda. O la indignación de miles de consumidores que, durante esta última semana, en plena temporada navideña, tuvieron que soportar largas colas para encontrarse al final con que no podían hacer sus compras en efectivo: los comercios ya no tenían suficientes francos para dar los vueltos.

Culminación

Anécdotas de este tipo se difunden de boca en boca e inundan las páginas de los medios de comunicación. Así, todos comentan la foto del comprador del primer kit de euros -una bolsa de plástico con la serie completa de las nuevas monedas-o el primer gran robo de los nuevos billetes ocurrido la semana pasada, cuando unos delincuentes violaron el sistema de seguridad de un banco de Milán y lograron llevarse entre 500.000 y un millón de euros.

La llegada mañana del euro a las manos de los 300 millones de ciudadanos de la unión económica y monetaria (UEM) es uno de los momentos más importantes de la integración económica y política de Europa. Supone por un lado la culminación de un proceso que comenzó en 1979 con la creación del sistema monetario europeo (SME), materializado por el ecu, para garantizar la estabilidad de las tasas de cambio de las monedas de la Unión Europea (UE). Implica también la consolidación de Europa Occidental como el segundo polo económico del mundo detrás de los Estados Unidos.

Según los sondeos, los alemanes son los más reticentes a aceptar el cambio de divisa. El marco representa mucho más que una moneda para ellos; es un símbolo de la reconstrucción del país tras la Segunda Guerra Mundial.

Los italianos, en cambio, que han padecido fuertes devaluaciones de la lira y sufrido procesos inflacionarios, son los más optimistas frente a la nueva moneda. No les importó en 1996 tener que pagar el «impuesto europeo», una tasa suplementaria y provisoria destinada a sanear las finanzas del país.

La libra no integra la unificación monetaria y los británicos siguen oponiéndose mayoritariamente a adoptar la nueva divisa. Aun así, los grandes almacenes y comercios de los centros turísticos de Londres ya anunciaron que aceptarán pagos en euros. En contrapartida, la reina Isabel II decidió apegarse al símbolo nacional que representa la libra: los turistas que lleguen a los palacios de Buckingham y Windsor deberán seguir pagando sus entradas en moneda local.

Desconfianza

Más allá de los efectos psicológicos del pasaje al euro, lo cierto es que existe todavía mucha desconfianza sobre su utilización. Es que su cotización con respecto a las monedas nacionales no facilita las conversiones. El valor del euro frente al franco es de 6,55957. El método que recomienda el Ministerio de Economía para pasar rápidamente los euros a francos es multiplicar la cantidad por 10 para luego restarle un tercio del valor. Quienes se pierdan siguiendo la regla, pueden comprar, por 9 euros, una calculadora que hace la cuenta con sólo apretar una tecla. También habrá merchandising para recordar la tasa de cambio: llaveros, encendedores, lapiceras, cuadernos y hasta joyas que pueden comprarse en la planta de lujo de los grandes almacenes.

Por otra parte, ante el temor de consumidores y comerciantes de que se produzcan largas colas por la confusión de la nueva divisa y la escasez de efectivo, los gobiernos presionan para que aligeren las comisiones permitiendo hacer pagos con tarjeta de crédito incluso para valores muy bajos.

Más allá de los problemas, esta noche se realizarán actos para simbolizar el trascendente cambio monetario en la Puerta del Sol de Madrid, en la Puerta de Brandeburgo de Berlín, en el Pont Neuf de París y en el Arco del Cincuentenario de Bruselas. Todos lugares cuya imagen adorna los nuevos billetes. Mientras, se espera que no bien den las 12 de la noche, miles de personas se abalancen sobre los cajeros electrónicos de las principales ciudades para gastar los primeros euros que entren en circulación.

Dejá tu comentario

Te puede interesar