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Pilotos del grupo de elite conocido como redtails descansan poco antes de iniciar una operación contra los nazis.
Grupo de Combate, rebautizado como los Tuskegee Airmen. Llegarían a ser 1.000 soldados, aunque sólo 450 tomaron parte directa en acciones bélicas.
Destinados como unidades independientes, pues el ejército todavía no confiaba en la unificación de razas, los Tuskegee Airmen, a bordo de los Mustang P-51 con la cola roja, pronto se ganaron el respeto de sus comandantes por su habilidad y eficacia. En unas 1.500 misiones por Europa, el norte de Africa y el Mediterráneo consiguieron destrozar más de 400 aparatos enemigos (100 de ellos en pleno vuelo), más de 45 trenes y hasta un destructor.
Fue en el puerto de Trieste, Italia, y constituyó una de las mayores hazañas del grupo. Gracias a la habilidad y sangre fría del teniente Gynne Pierson, consiguieron hundir el barco utilizando exclusivamente la munición del calibre 50 disponible en las ametralladoras. «Creo que fuimos tan efectivos porque teníamos que hacerlo todo varias veces mejor que el resto para ser reconocidos», explica Harold Brown, de 80 años, y otro de los alrededor de 100 «colas rojas» que aún viven y se reúnen anualmente. «Nuestro programa fue descrito como 'el gran experimento' y sabíamos que fallar haría retroceder a nuestra raza al nivel de 30 años atrás.»
• Infalibles
Su reputación entre los militares creció como la espuma. Y los Mustang P-51 de cola roja no tardaron en ser reclamados continuamente -a menudo sin que los mandos que pedían su participación supieran la raza de sus pilotos- para escoltar a los bombarderos asignados a misiones peligrosas. Cuando hacían de escoltas eran infalibles y hasta hoy son el único grupo que nunca ha perdido un avión bajo fuego enemigo en tales funciones.
Después de la Segunda Guerra Mundial, en la que sufrieron 66 bajas, los «redtails» tuvieron un retorno agridulce. Mientras por un lado recibían los honores máximos en forma de 850 medallas y la Presidential Unit Citation, la más alta condecoración que se puede otorgar a una unidad militar, por otro eran castigados con la continua degradación racial en la calle y en el propio ejército hasta el punto de no ser invitados en los desfiles de la victoria. Sus gestas fueron difuminadas en los libros de historia. Algunos de los oficiales de los Tuskegee Airmen incluso fueron detenidos tras la guerra, pues la policía se resistía a creer que gente de raza negra pudiera tener galones.
Las cosas no se calmaron hasta después de 1948 cuando el presidente Harry Truman firmó la Orden 9981, que establecía la igualdad de trato en el ejército. Aunque llegó un poco tarde, muchos la consideran la segunda victoria de los Tuskegee Airmen, primera en los despachos.
Sin embargo, la mayoría de estos soldados no guarda rencor a un país que, como ha señalado el ex secretario de Estado Colin Powell, «nunca estuvo dispuesto a devolverles el servicio prestado».
Tras años dándole vueltas, George Lucas tiene pensado llevar a la gran pantalla el legado de estos hombres.




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