El pueblo inuit de Groenlandia rechazó los planes del presidente estadounidense Donald Trump de tratar a la isla como un activo estratégico susceptible de compra, al sostener que la tierra no tiene dueño y que su uso es colectivo, una concepción ancestral que está protegida por la ley y forma parte central de su identidad cultural.
Los inuit de Groenlandia rechazan los planes de Donald Trump y defienden la tierra como bien colectivo
Mientras Estados Unidos vuelve a mirar a Groenlandia como un activo estratégico, las comunidades inuit rechazan la idea de propiedad y recuerdan que la tierra no se vende ni se compra.
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Comunidades inuit de Groenlandia rechazan la idea de que la isla pueda ser comprada y sostienen que la tierra es un bien de uso colectivo.
Trump volvió a referirse a Groenlandia como un territorio estratégico para Estados Unidos, mientras Dinamarca reafirma su soberanía legal sobre la isla. Sin embargo, para los inuit, que habitan estas tierras árticas desde hace siglos, la noción de propiedad privada sobre el suelo no existe.
Los habitantes explican que el principio de propiedad colectiva es uno de los pilares de la cultura inuit, una tradición que sobrevivió a más de 300 años de colonización y que hoy está reflejada en la legislación local. En Groenlandia, señalan, las personas pueden ser propietarias de sus viviendas, pero no de la tierra sobre la que están construidas.
En Kapisillit, un pequeño asentamiento ubicado a orillas de un fiordo al este de Nuuk, vecinos mayores remarcan que ni siquiera los propios residentes pueden comprar parcelas de tierra, lo que vuelve incomprensible para ellos la idea de que otro país pretenda hacerlo. Desde pequeños, explican, crecieron con la noción de que la tierra pertenece a todos de manera colectiva.
Vida cotidiana en un territorio extremo
Kapisillit es un pueblo aislado, rodeado de montañas y fiordos, donde el invierno limita la luz solar durante gran parte del día. El asentamiento cuenta con una escuela, un supermercado de comestibles, una casa de servicios para higiene básica y una pequeña sala de urgencias con suministros médicos elementales.
El muelle es el eje de la vida local: allí arriba el barco semanal con provisiones desde Nuuk y desde allí parten pescadores y cazadores que obtienen focas, fletanes, bacalaos y renos, fundamentales para la subsistencia.
Las autoridades comunitarias señalan que la vida en el pueblo se caracteriza por una relación directa con la naturaleza y una sensación de libertad de movimiento, sin restricciones para navegar o desplazarse por el territorio.
Guardianes de la tierra, no propietarios
Groenlandia volvió a ocupar el centro de la escena internacional cuando Trump reavivó su intención de que Estados Unidos tomara control de la isla por razones de seguridad nacional y por el acceso a recursos minerales. Aunque luego descartó el uso de la fuerza y afirmó haber logrado un acuerdo con la OTAN para garantizar acceso estadounidense, los detalles del entendimiento siguen siendo poco claros.
En Kapisillit, los residentes aseguran seguir las noticias a través de los medios, aunque explican que su principal preocupación sigue siendo la vida cotidiana. Docentes y trabajadores que viven en la zona indican que el foco diario está puesto en conseguir alimentos y sostener la rutina, más que en los debates geopolíticos.
Desde el ámbito legal, especialistas en Nuuk recuerdan que Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, no reconoce la propiedad privada de la tierra. El sistema vigente otorga derechos de uso sobre el terreno donde se construye una vivienda, pero no la titularidad del suelo.
Casi el 90% de los 57.000 habitantes de Groenlandia son inuit, que habitan la isla de forma continua desde hace alrededor de mil años. Desde una mirada cultural y espiritual, referentes comunitarios explican que los inuit se consideran responsables temporales del territorio y no dueños de él, y sostienen que la verdadera discusión no es quién posee la tierra, sino quién la cuida y preserva.







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