La afluencia a las urnas fue sostenida desde temprano a pesar del mal tiempo que afectó a buena parte de EE.UU.
La teoría política dice que nada mejor que un referendo para consolidar el principio de subsidiariedad -es decir, que las cosas se decidan a su nivel institucional más bajo- y reforzar la voz popular en todas las cuestiones del gobierno sin la intervención del sectarismo de los partidos. Como casi todas las teorías, es muy hermosa. Y mentira. En EE.UU., las consultas populares y las elecciones de cargos locales -como jueces- son un método perfecto para meter a los partidos en la sociedad civil, para movilizar a las bases y para politizar a diestra y siniestra.
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La clave está en plantear un referendo que movilice a los votantes. Probablemente, George W. Bush deba su reelección en 2004 a una de esas consultas populares.
Un referendo para modificar la Constitución de Ohio, de modo que ésta prohibiera el matrimonio homosexual, animó a votar a los republicanos e hizo que muchos demócratas conservadores votaran por el presidente. «La gente nos llamaba y decía: 'Soy demócrata, pero estoy contra el matrimonio gay'», recuerda Tim Burke, presidente del Partido Demócrata en el condado de Hamilton, en el sur de Ohio.
Este año, los demócratas han aprendido la lección. La oposición ha planteado en varios estados una serie de referendos para elevar el salario mínimo. Esto ha movilizado a las bases demócratas y, a su vez, ha atraído hacia ese partido a una buena parte del electorado republicano que, aunque sea socialmente conservador, está sufriendo en carne propia -o en la de sus hijos- el hecho de que el salario mínimo lleve sin ajustarse a la inflación desde 1996, con lo que en términos reales se encuentra en su nivel más bajo en seis décadas.
Células madre
La oposición demócrata también ha utilizado la controversia sobre la investigación con células madre -a la que se opone la Casa Blanca- para reforzar a su candidato al Senado, en el Estado de Misuri, Claire McCaskill.
La proliferación de estas consultas convirtió a las elecciones en una cacofonía de propuestas e hizo que el votante medio tarde al menos 10 minutos en elegir si se quería leer toda la información que incluyen las papeletas. Así que, al final, muchos votan sin saber muy bien a qué. O, como sucede en las reservas indias, lo hacen en función de quién les dé alcohol o los lleve en autobús al colegio electoral.
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