Brasilia (AFP, ANSA) - El presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva se vio obligado ayer a concentrar su actividad en la residencia presidencial del Palacio de la Alvorada, donde recibió a su par argentino Néstor Kirchner, para evitarse el mal trago de presenciar -y mostrar-la primera manifestación de importancia contra su gobierno.
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Alrededor de 20.000 empleados públicos se manifestaron contra el proyecto de reforma del sistema de pensiones, que da por tierra con una serie de privilegios que disfrutan hasta hoy. Los trabajadores se concentraron junto a la catedral de Brasilia y marcharon luego al Ministerio de Previsión Social, el Palacio del Planalto (presidencia) y el Congreso, donde entregaron una propuesta alternativa.
La Central Unica de los Trabajadores (CUT), aliada del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, participó de la marcha. El actual presidente fue hace 20 años uno de los fundadores de la CUT, cuya ala izquierda lo recibió la semana pasada con silbidos durante el congreso de la organización.
El proyecto de reforma previsional del gobierno afecta en especial a los empleados públicos, ya que establece un tope a sus jubilaciones, grava con un impuesto de 11% las remuneraciones que superan los 550 dólares y aumenta en 7 años la edad para retirarse. De acuerdo con las autoridades, la reforma es la única alternativa para terminar con el crónico déficit del sector, estimado para este años en unos 17.000 millones de dólares.
•Apoyo
En un mar de pancartas y banderines con mensajes dirigidos a Lula, por quien votó en octubre último la abrumadora mayoría de los trabajadores, los manifestantes contaron con el apoyo de algunos parlamentarios ultraizquierdistas. Por ejemplo se pudo ver, en claro desafío al liderazgo del partido, a la senadora Heloisa Helena, quien está amenazada de expulsión del PT y fue aclamada como una heroína.
«Esta es una reforma que sólo sirve a los 'gigolós' del FMI, las grandes corporaciones y los grandes banqueros. La única forma de que Lula no pierda los lazos con el movimiento sindical es que mantengamos nuestra lucha», aseguró. El gobierno debió esforzarse a fondo para evitar que más miembros del partido se sumaran a la protesta. El ministro jefe de la Casa Civil, José Dirceu, mano derecha de Lula, envió mensajes a los legisladores del PT advirtiéndoles que «son lo suficientemente adultos como para medir las consecuencias de sus actos».
«Somos los trabajadores, llegados desde el sur hasta el Amazonas, que estamos ocupando Brasilia para decirle al presidente Lula que no queremos esa reforma que termina con nuestros derechos», proclamaban militantes por altavoces. Y también coreaban consignas como: «Un, dos, tres, cuatro, cinco, mil... O paran la reforma o paramos el país».
La reforma previsional se ha convertido en el principal objeto de controversia en el PT, ya que los diputados del ala radical se oponen al proyecto y amenazan votar en contra.
El ministro de Seguridad Social, Ricardo Berzoini, que se comprometió a recibir a una comisión de la CUT, elogió el derecho de expresión de los manifestantes, aunque insistió: «la reforma defiende los intereses de los empleados públicos» y es la única vía para que el Estado pueda cumplir con los pagos a futuro.
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