La Gran Manzana se dispone a pasar de página: los ciudadanos de Nueva York están por certificar el final de una era, la del reino de Michael Bloomberg, con la elección este martes del demócrata Bill De Blasio, el candidato que por convicciones e historia personal parece el más alejado del alcalde que ha gobernado la ciudad durante 12 años seguidos.
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Más distante y, a la vez, más temido por Wall Street. Los últimos sondeos no dejan ningún margen de posibilidad al republicano Joe Lotha, separado por al menos 45 puntos de su rival demócrata quien, con todos los miembros de su familia multiétnica, logró conquistar el corazón de los neoyorquinos.
Desde Brooklyn, donde está su cuartel general, hasta Queens, pasando por el Bronx, todos están a favor del italoamericano. No en vano, su promesa en la campaña electoral ha sido justamente esa: basta con una ciudad Manhattan-céntrica, con una metrópolis dividida entre ricos y pobres, por una parte el corazón financiero de Estados Unidos y por otra el resto de la City.
De aquí las acusaciones de "populismo" lanzadas a De Blasio, que al centro de su programa tiene un punto, y no solo uno, que lo acerca al presidente del país, Barack Obama: subir los impuestos a los más ricos para mejorar los servicios públicos incluso en las zonas más remotas de la Gran Manzana, aquellas olvidadas por Bloomberg. Un objetivo que da miedo a muchos.
Por eso, desde que De Blasio ganó las primarias de su partido, muchos se hicieron portavoces de las preocupaciones de la comunidad financiera, perfectamente cómoda en cambio con el multimillonario alcalde que está por concluir mandato. Pero en las últimas semanas, las cosas están cambiando y entre los banqueros y empresarios empiezan a aparecer partidarios de De Blasio.
Tanto es así que el final de campaña electoral del italoamericano estuvo caracterizada por una seguidilla de encuentros, reuniones y contactos con representantes del mundo de Wall Street: un mensaje tranquilizador que ha dado sus frutos, incluso en términos de financiación de campaña. De entre Goldman Sachs a muchos "hedge funds" cada vez más empresarios han garantizado su apoyo al candidato.
A Lotha, promovido por el ex alcalde Rudolph Giuliani, no le ha quedado en las últimas horas más que agitar la carta de la inseguridad: con De Blasio, decía, volverá la criminalidad a Nueva York, después de que con Bloomberg había sido drásticamente rebajada, al menos en Manhattan.
Una carta que, sin embargo, parece no haber surtido efecto.
Así el miércoles, salvo sorpresas de última hora, Nueva York se despertará con el primer alcalde demócrata desde principios del 2000. Con la esperanza de convertirse en una cuidad más justa, con menos desigualdades y más respeto por las minorías, pero sin perder de vista los intereses de Wall Street y del motor financiero del país.
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