Obama y McCain: asalto al voto de los moderados

Mundo

Nueva York - Con su base electoral eufórica y con la sensación de que llegó la hora de la revancha, la estrategia de los demócratas de Barack Obama se orienta, más que nunca en los últimos días, a reforzar el tono centrista de su discurso y hasta a instalarse en espacios que antes parecían reservados al universo conservador.

La estrategia no parece errada desde el marketing electoral. Un final de campaña en el que las encuestas marcan como incierto el resultado en Indiana, donde George W. Bush derrotó a John Kerry por 21 puntos en 2004, o en Virginia, donde la última victoria demócrata se remonta a 1964, habría sido inimaginable para el partido opositor hace tan sólo un mes.

Los demócratas descansan en la confianza de que los suyos concurrirán masivamente a las urnas, especialmente en sus bastiones de Nueva York, Nueva Jersey, California o Columbia. Pareciera que sus partidarios no pueden contenerse, como Ruth Aguasanta, una moza dominicana nacionalizada estadounidense que no permite terminar la pregunta para exclamar «!Por Obama!».

En su lugar de trabajo en la esquina de la avenida Amsterdam y 79, Aguasanta cuenta los malos tiempos que viven los suyos en el Bronx por el aumento de los alquileres y las rebajas salariales (4,60 dólares la hora más propinas). Sin embargo, exhibe un tono calmo y plácido, contenta con su niña de 5 años y su radicación totalmente legalizada. La joven sólo pone en duda una victoria demócrata «si hacen trampa, como la vez pasada», rememorando la polémica victoria de 2000 de Bush sobre Al Gore.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces. Si en el ideario demócrata cabía en el pasado hablar de «pobres», el reemplazo discursivo que impone la necesidad de arrebatarle los votos moderados a John McCain en este 2008 pasa por la más englobadora y ecléctica apelación a la « clase media».

Por si cupieran dudas sobre la intencionalidad de la estrategia, el psicólogo Drew Western de la Universidad de Emory escribió el «Manual para progresistas: desde la izquierda al centro», que ha causado furor entre los candidatos demócratas al Congreso que dan pelea en terreno adverso. El instructivo prescribe el reemplazo liso y llano de términos, como el vetusto «gobierno» por «liderazgo», o abordajes estratégicos más complejos. Citado por «The New York Times», el manual de Western revela que aconsejó a candidatos muy progresistas («liberals» en términos estadounidenses) evitar «eufemismos como 'pro-choice'» (a favor de la libre elección en materia de aborto) o 'salud reproductiva'». Para el psicólogo, el político correcto debe insistir en que «es impropio de la cultura estadounidense que un gobierno diga a un hombre o una mujer cuándo empezar una familia y cuáles son las creencias religiosas que hay que seguir».

En rigor, Obama hizo gala de esta habilidad desde el mismo momento en que puso un pie en las primarias hasta ahora. Con algunas de sus posiciones históricas enmarcadas en el ala centroizquierda dentro del Partido Demócrata, Obama fue enfático en postular la unidad con los republicanos, abrió los brazos a apoyos como los de Colin Powell, evitó las palabras confrontativas y, llegado el caso, se desdijo de posiciones pasadas.

Ayer, por caso, el candidato se permitió decir que ya prepara la «transición» y consideró « absolutamente» importante tener republicanos en el gabinete, aunque evitó definirse sobre la continuidad del secretario de Defensa, Robert Gates.

En diálogo con este diario, Federico Jesús, vocero de Obama para los medios hispanos, prefirió la cautela y negó una estrategia premeditada para amoldarse a la mentalidad del electorado republicano.

«Todavía no hemos logrado nada y no vamos a descansar en algunas encuestas. Nuestra única estrategia es llevar un mensaje de esperanza para superar estas políticas económicas fracasadas», indicó.

Hacía falta mucho carisma y planificación, y una crisis económica sin fondo a la vista, además de un pantano en una guerra lejana, para que los « liberals» superaran sus traumas. Bush y sus ideólogos -Karl Rove, Dick Cheney-arrinconaron a sus rivales durante años con la recurrencia a «la familia», los «valores tradicionales» o «la guerra contra el eje del mal». En esa órbita se ubica el rechazo absoluto a «la intervención estatal que busca apropiarse del dinero de los estadounidenses» que esgrime por todo lo alto el republicano McCain. Es que, más allá de encuestas, ¿quién se anima hoy a firmar un resultado?

Mejor hablar para las mayorías que sufrir sorpresas.

Dejá tu comentario