19 de agosto 2005 - 00:00

Oración, llanto y furia contenida

Numerosos efectivos israelíes resultaron heridos al evacuar ayer la sinagoga de la colonia de Kfar Darom, en Gaza. Pese a las agresiones de los rebeldes, los soldados y los policías actuaron desarmados.
Numerosos efectivos israelíes resultaron heridos al evacuar ayer la sinagoga de la colonia de Kfar Darom, en Gaza. Pese a las agresiones de los rebeldes, los soldados y los policías actuaron desarmados.
Neve Dekalim, Gaza (AFP) - «Este es el último aviso que les damos», se había escuchado por los altavoces y, minutos después, los primeros soldados y policías entraron en la sinagoga de Neve Dekalim y comenzaron a sacar uno a uno a los cientos de jóvenes y colonos atrincherados en su interior desde hacía dos días.

Gritos de rabia, insultos, angustia, desesperación y desmayos convirtieron la tarea del ejército en un verdadero suplicio. La sinagoga de la colonia más importante de la Franja de Gaza resistió «hasta el final» en medio de una colonia prácticamentedeshabitada. Los jóvenes militantes venidos de otros lugares de Israel, residentes y rabinos habían conseguido bloquear la evacuación por la fuerza durante más de 24 horas, pero finalmente la orden de asalto llegó.

•Desmayos

Hombres y mujeres, separados en espacios de oración diferentes, recibieron a los soldados de rodillas, en el suelo o abrazados unos con otros en el último rincón de la sinagoga.

Se necesitaron cuatro soldadospara sacar por la fuerza a cada hombre, y al menos dos o tres militares mujeres para ocuparse de cada muchacha, que en ningún caso puede ser tocada por un policía varón.

Varias jóvenes se desmayaron cuando intentaban defenderse de las soldados y fueron transportadas al exterior en camillas. Mientras tanto, sus compañeras no dejaban de cantar y rezar esperando su turno.

Una mujer gritó desesperada cuando una militar intentó agarrar a su bebé para desalojarlos del templo. La joven soldado estalló en llanto ante los quejidos de angustia de la joven madre y debió abandonar la sinagoga, incapaz de continuar.

Por su parte, los hombres de más edad se dejaron conducir por los militares, algunos de ellos vistiendo todavía sus chales de oración. Algunos cargaron con ellos los pergaminos de la Torah, las sagradas escrituras judías.

«No tenemos ninguna prisa. Queremos hacer este trabajo como es debido. Son sólo jóvenes, no son enemigos. Dejamos que se expliquen y les contamos cuál es nuestro deber», dijo el portavoz del ejército,
Ary Gottesmann.

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