16 de enero 2007 - 00:00

Otro choque en un país ingobernable

En su resumen anual, «Le Monde» describe con una o dos palabras la situación de cada país. La de Ecuador la sintetiza en una: ingobernable.

Con 284.000 kilómetros cuadrados y 13 millones de habitantes, es el quinto productor de petróleo de América latina (tras México, Venezuela, Brasil y la Argentina) y el primero del hemisferio occidental que recuperó la democracia, en 1978.

En un país donde ningún candidato ha ganado la Presidencia desde el retorno a la democracia en la primera vuelta, en esta ocasión también hubo que esperar a la segunda vuelta -el 26 de noviembre- para saber quién sucedería a Alfredo Palacio.

Es un país donde ninguno de los tres presidentes elegidos desde 1996 (Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez) ha logrado completar su mandato. A Bucaram lo echaron por corrupto y caótico. A Mahuad, por incompetente cuando la crisis financiera del 99 se llevó por delante casi dos tercios de todos los recursos financieros del país. A Gutiérrez lo obligaron a dimitir por sobrepasarse en sus poderes y dejar al país sin Tribunal Supremo durante once meses. En todos los golpes, el Congreso de la nación decidió y el ejército ejecutó.

Pocos esperan que, con el nuevo presidente, la situación mejore mucho y, si no mejora, el ejército se consolidará en su recuperada posición de árbitro decisivo, una situación -como señala el profesor Simón Pachano, de FLACSO, en su informe para el Instituto Elcano «muy similar a la de los turbulentos años 30 y 40 del siglo XX, cuando el país vivió un período parecido al que vive hoy».

La fragmentación social y política, la polarización del voto, la debilidad de los partidos, la corrupción rampante y la pobreza extrema en que vive 30% de la población (con menos de un dólar al día) explican el desprestigio de las instituciones y el éxito que tienen los candidatos independientes,populistas, dispuestos a romper con el sistema. El choque entre el Legislativo y el nuevo Ejecutivo será inmediato, pues Correa ya había adelantado que, si ganaba, convocaría un referendo para elegir una Asamblea Constituyente, aprobar una nueva Constitución y votar un nuevo Congreso que refleje los intereses de la Presidencia de forma similar a como el Congreso venezolano refleja desde 1998 los intereses de Hugo Chávez.

Correa se declara amigo y admirador de Chávez, insulta a Bush como Chávez, rechaza un tratado de libre comercio con EE.UU. como Chávez y desea acabar con la dolarización, renacionalizar los recursos energéticos y poner en caja a las multinacionales como el boliviano Evo Morales. Son motivos más que suficientes para que las empresas con inversiones en Ecuador y los gobiernos obligados a defenderlas estén preocupados.

Chávez lo ha ayudado con dinero, pero, aprendida la lección del Perú, donde su apoyo a Ollanta Humala tuvo un efecto búmeran, en Ecuador ha preferido la discreción.

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