3 de agosto 2005 - 00:00

Parábola de un ícono de la izquierda

Brasilia (EFE) - Hasta el pasado 16 de junio, José Dirceu era considerado la «mano derecha» del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el más intocable de los ministros del gabinete del ex líder obrero.

Cuando ocupó el cargo de ministro jefe de la Casa Civil (jefe de gabinete) siempre se aseguró que controlaba los resortes políticos del gobierno y era responsable, junto con Lula, de las decisiones finales en casi todos los asuntos, salvo los económicos, que dirige con rigor el médico y ministro de Hacienda, Antonio Palocci.

En los primeros meses de la gestión de Lula, a Dirceu -una figura emblemática de la izquierda local- le pasaron muy cerca las primeras acusaciones de corrupción que conoció el Partido de los Trabajadores (PT) desde que llegó al gobierno.

Waldomiro Diniz
, un asesor que Dirceu había llevado al Palacio presidencial, fue acusado de extorsionar a «capos» del juego ilegal con el fin de obtener dinero para financiar campañas de candidatos del PT en los mismos comicios que Lula ganó (octubre de 2002).

El cercano colaborador de Dirceu, con quien hasta había compartido un departamento años atrás, fue destituido de su cargo, pero el «canciller de hierro» de Lula superó el golpe.

Sin embargo, en junio pasado, la figura del ex guerrillero que en los años '70 se cambió el rostro con una cirugía estética en Cuba para regresar de incógnito a Brasil durante la dictadura, se derrumbó con las acusaciones del diputado laborista Roberto Jefferson.

Jefferson afirmó que durante los dos primeros años de mandato de Lula el PT sobornó a decenas de legisladores (hace a un centenar) de varios partidos para construir la mayoría parlamentaria que el gobierno no había logrado en las urnas.

Fue más allá y
acusó a Dirceu de haber estructurado esa supuesta red de corrupción y, en una comparecencia en el Congreso que paralizó a Brasil, le exigió al ministro de la Presidencia que renunciara a su cargo si no quería arrastrar a Lula. «Renunciá, renunciá rápido, porque terminarás convirtiendo en reo a un inocente», declaró Jefferson mirando a las cámaras de televisión.

Dos días después, Dirceu renunció alegando que regresaría al Congreso para defenderse a sí mismo y al gobierno, pero desde entonces ha estado lejos de la prensa y la tribuna parlamentaria, mientras el escándalo arrastraba a toda la cúpula del PT.

Su silencio se rompió ayer, cuando declaró ante el
Consejo de Etica de la Cámara de Diputados, que procesa a Jefferson por no haber presentado pruebas cuando acusó al PT de haber montado la red de sobornos.

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