La crisis política que vive Brasil actualmente tieneorigen en la forma de financiamiento de los partidos políticos brasileños. Más allá de la corrupción enraizada en un sistema tradicionalmente prebendario, con gran influencia de las empresas públicas, la demanda de partidos pequeños (que sirven para decidir un presidente) por cargos públicos obedece no sólo a la posibilidad de realizar obras que favorezcan a sus distritos electorales, sino a la capacidad de otorgar favores a empresas que, en compensación, colaborarán en las futuras campañas políticas. En el caso brasileño, este intercambio de favores degeneró, en muchos casos, en el cobro de coimas destinadas parcialmente al financiamiento de las campañas, pero donde numerosos «vueltos» quedaban por el camino.
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La declaración del diputado Roberto Jefferson sobre el costo de elegir un diputado federal en el Estado de Rio de Janeiro (alrededor de 2 millones de reales) da una idea cabal del costo de la política brasileña.
Para efectos de simple cálculo, divídase ese valor por 2 (para compensar asimetrías regionales) y multiplíquese por 513 para calcular cuánto costó elegir a la actual Cámara de Diputados. A ello debe sumársele el costo de las campañas de quienes no fueron electos, que puede calcularse como mínimo en un valor igual al total de quienes fueron elegidos (otros 500 millones de reales), para tener una dimensión financiera de una campaña electoral. Debe sumarse a ello, senadores federales, diputados estaduales, concejales y, desde ya, la elección para presidente de la República. Frente a esto, la mayor parte de los diputados declara costos de campaña inferiores a los 100.000 reales.
Un estudio sobre el gasto de las campañas electorales en Brasil de la consultora brasileña JSD estimó el costo del conjunto de las elecciones en cerca de 1% del PBI, que es de 600 mil millones de dólares. Ello genera una demanda natural por financiamiento. Esto significa un costo de seis mil millones de dólares.
Quedan pocas dudas de que el sistema de financiamiento debe sufrir un ajuste si se quiere evitar que casos similares se repitan. En la actual crisis en particular, lo que ha impactado, más allá de la crudeza con que fue expuesto el tema, es el hecho inédito de la compra de votos en el Congreso como forma natural de conseguir las mayorías necesarias. Ello ha hecho soslayar que el elemento detonante de la crisis fue esa forma espuria de financiamiento. No parece ser del interés de ningún partido político profundizar las investigaciones sobre los casos de corrupción en diversas empresas del sector público, ya que, sin excepción, todas las fuerzas políticas que forman o han formado parte del poder político en todos sus niveles se han financiado de esta manera. J.G.H.
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