Reality show de torturados hace furor en Irak

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Bagdad - Mohammed Halaf al-Duleimi asegura que después de ser detenido y trasladado a la ciudad sureña de Kut, los agentes de la policía le presentaron un papel con la confesión que debía relatar frente a una cámara.

El conjunto de los supuestos delitos que tenía que asumir era de lo más variopinto. «Tenía que decir que era de Ansar al Sunna (un grupo armado), que había matado a 15 policías, que había violado a cuatro niñas en una mezquita chiita. Y que todo eso era bajo las órdenes del imán, que me pedía que le trajese chicas y que me pagaba entre 100 y 150 dólares por operación», dice el joven de 27 años.

Empleado en un ministerio, Halaf afirma que fue arrestado el 27 de febrero junto con su padre y tres hermanos dentro de una amplia redada en la población de Al-Uahda, al sur de la capital, junto con otras 150 personas.

«Te tenías que aprender el papel de memoria y te grababan en grupos de cinco. Todavía no han emitido mi cinta», señala el muchacho, que ahora se esconde en el domicilio de un familiar en Bagdad tras haber sido liberado el 20 de marzo.

Halaf se sienta en el suelo para recrear cómo «me aplicaban electricidad en los dedos y me echaban agua por la cabeza. Hay gente que no resistió y confesó lo que fuera».

Su hermano
Alí fue uno de ellos. El chico, de 22 años, apareció en abril en una de las emisiones de «Terroristas en manos de la Justicia»,
reconociendo haber secuestrado a un traductor de las fuerzas norteamericanas.

• Cuestionamientos

Testimonios como el presente han comenzado a cuestionar el espectacular éxito de ese reality show tan peculiar de la televisión iraquí. Es un programa que se ha convertido en un fenómeno mediático, pero que ahora enfrenta severas acusaciones de organizaciones pro derechos humanos y hasta del ministro iraquí de esa misma área. «La idea original viene de la televisión local de Mossul. Allí tuvo tanto éxito que se decidió hacer un programa para todo el país a partir de enero», explica Abed Karim Hamadi, director de noticias de Al-Iraqiyah, la cadena pública que emite «Terroristas en manos de la Justicia» todos los días, a las 21.

La sede central de Al-Iraqiyah en Bagdad semeja a un fortín. Los accesos han sido cortados con muros de cemento, alambradas y media docena de vehículos de la policía.
Karim Abdul Yabar, jefe de edición, de 44 años, reconoce que ya ha recibido cinco amenazas de muerte telefónicas. «El otro día encontré un papel en el parabrisas del coche. Decía: 'O detienen el programa o te mataremos'», añade. No se trata de bravatas. En febrero, una de las reporteras de Al-Iraqiyah en Mossul, Raeda Wazan, fue secuestrada y asesinada. Su marido asegura que sobre el cadáver encontraron una nota en la que se la tachaba de « traidora». El guión de « Terroristas en manos de la Justicia» es tan simple como efectivo. Al-Iraqiyah emite la «confesión» de supuestos milicianos ante personajes que ahora son celebridades en Irak, como el general Mahsen Abul Walid, jefe de la denominada Brigada Lobo. Los detenidos reconocen toda suerte de crímenes. Escenas tan dramáticas como la que confronta a la madre de Omar Jamal, un policía de 17 años, con su asesino, o la del pequeño Eaman al-Mosuli, que llorando señala al hombre que mató a su padre, son repetidas jornada tras jornada. Sin embargo, los televidentes también comenzaron a ver que muchos de los interrogados mostraban golpes en la cara y repentinamente se inculpaban de bacanales y orgías. En uno de los programas emitidos en marzo, un muchacho veinteañero asumía haber atacado a las fuerzas iraquíes y de EE.UU. a cambio del pago de dinero. Entonces, el cuestionamiento tornaba hacia preguntas más íntimas. «Deciles ahora a los telespectadores algo sobre tu familia», lo instaba el agente. «Mi madre era una puta, señor, y mi hermano y yo somos homosexuales», aseguraba el joven que decía formar parte de una célula en la que el emir también practicaba la «sodomía».

La organización de Derechos Humanos Amnistía Internacional (AI) emitió un comunicado el 28 de abril denunciando su «preocupación» ante las «confesiones» obtenidas por el programa.

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