Recuerda hoy España el comienzo de su trágica Guerra Civil
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José L. Rodríguez Zapatero
El conflicto bélico, que ha dado lugar a miles de publicaciones y a una vasta y aún vigente obra literaria, lo desencadenó el alzamiento militar. Las tropas españolas ubicadas en las Islas Canarias y en Marruecos, donde existía un protectorado español, se rebelaron contra el gobierno del Frente Popular, una coalición de grupos republicanos, socialistas y comunistas que llevaba en el poder apenas cinco meses.
Habían pasado cinco años desde la proclamación de la II República, asentada en la Constitución de 1931, con su bandera roja, amarilla y morada, su laicismo y su espíritu reformista, que chocaron con una economía mundial recién salida de la crisis económica de 1929, un desempleo creciente y las ínfulas revolucionarias de parte de la izquierda.
La reacción popular, dividida en el apoyo al gobierno republicano -por los sectores izquierdistas- y a los militares -por los sectores más conservadores y la Iglesia-, alimentó la contienda civil que generó persecuciones y asesinatos en todo el país.
Las cifra de víctimas de la Guerra Civil española nunca coinciden, y siempre se habla de entre medio millón y un millón de muertos, de ellos unos 7.000 miembros de la Iglesia católica, más de 650 de los cuales elevados a los altares durante el papado de Juan Pablo II.
Una vez desatado el conflicto, Europa orientó su mirada hacia España: la Alemania de Adolf Hitler y la Italia de Benito Mussolini apoyaron al bando « nacional» de los alzados, mientras que el «rojo» o republicano recibió el respaldo de la Unión Soviética y de civiles voluntarios de numerosos países integrados militarmente en las «brigadas internacionales».
Los dos bandos recibieron armas y ayuda logística, más los nacionales -lo que muchos historiadores señalan como la clave de su triunfo-, que el 26 de marzo de 1939 tomaron Madrid, pese a la férrea resistencia republicana durante meses.
Tras el triunfo de los rebeldes, comenzó el exilio, y hasta un millón y medio de personas del bando perdedor emigraron hacia Francia y hacia países de América latina como la Argentina, México y Venezuela.
Habían pasado casi tres años de duros combates, bombardeos aéreos, batallas navales, atentados, ejecuciones, con decenas de miles de muertos, muchos de ellos en algunas batallas que han quedado en los anales de la historia militar como la del Ebro.
En octubre siguiente, Franco fue nombrado jefe del Estado en lo que fue el comienzo de una dictadura que duró hasta su muerte, el 20 de noviembre de 1975, y que en sus primeros tiempos desencadenó una implacable represión contra los perdedores de la contienda.



