Teherán - Las 300 mujeres que el domingo pasado manifestaron en las calles de Teherán por sus derechos se encontraron con el actor estadounidense Sean Penn, que hace estos días de periodista en Irán para el diario «San Francisco Chronicle», cuyo director es el ex marido de la actriz Sharon Stone, Phil Bronstein. La policía rodeó a las manifestantes y al actor le confiscaron su filmadora durante un rato.
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A diferencia de los que ocurre en Arabia Saudita, las mujeres de Irán pueden conducir un taxi e ingresar en la policía, pueden ser elegidas para el Parlamento e incluso manifestarse en la calle, como hicieron el domingo, pero no pueden viajar fuera del país sin permiso de su marido y su testimonio en un juicio vale la mitad que el de un hombre. Los signos externos del reformismo de los últimos años, como cierta permisividad en la vestimenta o el uso de sombra de ojos y lápiz de labios, no son, obviamente, lo importante para las iraníes. Herencia, divorcio y custodia de los hijos son tres elementos del derecho de familia en los que las mujeres de Irán consideran que se ha avanzado poco o muy poco. Siguen regulados por la interpretación restrictiva de la charia o ley islámica que hacen los ayatolás.
Una mujer hereda la mitad que un hombre, pedir el divorcio es totalmente excepcional y, en el caso de que el marido sí se divorcie, los hijos sólo permanecen con la madre hasta los siete años de edad. Ha habido progresos, pero son limitados. Antes la madre tenía la custodia de los hijos pequeños sólo por dos años, y en cuanto al divorcio, el marido, que tiene derecho a la poligamia, debe justificarse ante un tribunal (en presencia de una mujer como observadora) y al final deberá pagar una compensación a la esposa de la que se separa.
• Decepcionados
«Iránes el paraíso del hombre», dice Masumeh, de 30 años, que no logra divorciarse de su marido drogadicto. «La ley, la cultura, la tradición, todo lo respalda», agrega.
Las iraníes apoyaron a Mohamed Khatami. Fueron su principal base electoral junto con los jóvenes universitarios, el sector social más pujante y frustrado en Irán (que en gran medida incluye a las mujeres). Pero se sienten decepcionadas. Han pasado ocho años desde el triunfo del reformista, una de cuyas promesas era la de mejorar el estatus de las mujeres, y el resultado han sido sólo «cambios sutiles en las leyes», según la activista Farzaneh Dadgostar.
En el Movimiento por la Igualdad de Derechos reconocen los «tímidos avances obtenidos» con la presidencia de Khatami, pero no esperan nada de las elecciones de hoy.
«Las reformas se han parado y el gobierno que salga de las urnas no va a ponerlas en marcha, así que no lo legitimaremos con nuestros votos», dice otra activista, llamada Ozar, recordando que el gobierno pone trabas sin cesar a las organizaciones no gubernamentales como la suya.
• Boicot
La mayoría de ellas han pedido a las iraníes que boicoteen los comicios presidenciales. El gesto puede tener más significado de lo que aparenta, porque todos los candidatos, se consideren reformistas o conservadores, dicen que defenderán los derechos de las mujeres.
Según Ozar, los progresos que se han dado «no son algo que tenga que ver con el gobierno de Khatami, sino que han sido avances naturales» de la sociedad iraní. No obstante, todavía unas 40.000 jóvenes abandonan cada año su familia (generalmente en el campo) para escapar a un matrimonio obligado y acaban prostituyéndose en las ciudades.
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