1 de noviembre 2004 - 00:00

Resabios de la crisis

Jorge Batlle
Jorge Batlle
Montevideo (corresponsal) - ¿Cómo se debe entender la contradictoria realidad uruguaya, en la que la economía ha registrado un crecimiento espectacular -alrededor de 11% del PBI-pero al mismo tiempo el gobierno de Jorge Batlle -responsable de esa política económica-cosecha los más altos índices de rechazo por parte de una sociedad que -en un cierto sentido, de modo similar a la porteña en los aciagos días de 2001- repite, con menos virulenciael «que se vayan todos»? La respuesta, de la que depende la definición de los desafíos que afrontará el próximo gobierno, es muy sencilla: la mejora de la economía no ha llegado a una sociedad que aún sufre los estertores del estallido financiero de 2002, con la caída de los cuatro bancos nacionales privados más importantes y un extranjero mediano, lo que implicó un achicamiento impiadoso que sacó del circuito económico u$s 8.000 millones, casi tres cuartas partes del PBI. Como parámetro, vale recordar que las exportaciones sumadas del agro, la industria y el turismo rondan hoy apenas u$s 1.800 millones.

Esto, que llevó a una recesión sin precedentes -sólo salvada por el reingreso de turistas argentinos y brasileños, y por los cultivos de soja y arroz-, tuvo un efecto letal sobre el consumo: con la devaluación, los salarios cayeron a menos de la mitad. Mientras desde los despachos oficiales se alentaba optimismo por los guarismos de la macroeconomía, esa mejora no se palpaba en la vida cotidiana. Bastaba con recorrer en el invierno la desolación que se vivía en la zona bancaria en horas de la mañana o la neurálgica 18 de Julio en el centro de Montevideo después de las cinco de la tarde, para comprobar esa cruda realidad.

Si bien es cierto que la devaluación del real brasileño en 1999 y la crisis argentina de 2001 -con la posterior pesificación de Eduardo Duhalde- acorralaron a un Uruguay que ya venía padeciendo la pesada carga de la aftosa de Fernando de la Rúa, tampoco el gobierno de Jorge Batlle hizo mucho por afrontar la crisis con otra energía. Pero eso es pasado, y el futuro gobierno deberá afrontar sin pérdida de tiempo, entre muchos, los siguientes dilemas económicos:

• Renegociación de la deuda con el FMI y otros organismos multilaterales de crédito, con vencimientos por unos u$s 2.000 millones en el próximo año y en 2006.

• Mayores garantías a la inversiónextranjera.

• Reestructuración del sistema financiero ante la posibilidad de que el sector siga achicándose por la salida del país de algunas entidades o la disminución de la capacidad operativa de otras.

• Consolidación del régimen tributario ante la posible tentación de imponer nuevos impuestos -retenciones al agro, tributos a la renta personal y a las empresas-que frenarían las inversiones.

• Negociaciones realistas, pero constructivas con Brasil y la Argentina por problemas comerciales bilaterales o de agenda internacional, como el Tratado de Protección a las Inversionesfirmado con Estados Unidosy que debe ser ratificado por el Congreso, y la designación de
Carlos Pérez del Castillo como secretario general en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Ambos son fuertemente resistidos por el gobierno de Lula da Silva y no se conoce con claridad la posición de Néstor Kirchner.

• Asociación empresarial con Pedevesa (Venezuela) o Petrobras (Brasil) para permitir que su petrolera estatal ( ANCAP) pueda salir de su fuerte endeudamiento -registra varios juicios en la Argentina-y ponerse en un estado de competitividad que la apertura del Mercosur le viene exigiendo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar