Aunque, obviamente, da amplia cobertura sobre la crisis política de Brasil, el diario carioca «O Globo», uno de los más tradicionales y prestigiosos de ese país, se ha destacado en las últimas semanas por su postura cauta. Por eso, resulta interesante ver cómo una de sus principales columnistas, Tereza Cruvinel, comienza ya a vislumbrar una salida de escena de Lula da Silva y a hablar de «poslulismo», una fase política caracterizada, dice, por una cruda confrontación. A continuación, los principales pasajes del artículo publicado ayer en el sitio on line de «O Globo». Se avecina la era del "poslulismo".
La crisis política hizo una curva acentuada con la denuncia del viernes contra el ministro Palocci. Las derivaciones, a esta altura, apenas alteran la hora o la forma de su desenlace. Cualquiera que sea éste, más temprano o más tarde el país entrará en el poslulismo y en el pos-PT. Las heridas abiertas y los venenos que están en el aire prometen un tiempo de radicalización política nada saludable.
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Aun teniendo mucha credibilidad y apoyo para quemar, Palocci fue arrojado por el acusador premiado Rogério Buratti en la rueda de los investigados. Si sale de ahí, ya estará herido como eventual candidato de Lula, en caso de que éste, preservando el mandato, desista de la reelección.
El presidente hoy todavía ganaría en un segundo turno, pero los daños de la crisis apenas están comenzando. Palocci era hasta aquí una opción como candidato del gobierno. Un presidente es un gran elector, dicen los estudios políticos, cuando tiene más de 40% de aprobación. Con menos de eso, no influye. La aprobación de Lula cayó de 54% a 46% (ver aparte).
• Cojeando
Aun si las derivaciones de la denuncia contra Palocci son favorables, permitiendo que él continúe funcionando como ancla del gobierno, y que no surjan hechos nuevos y graves creando condiciones para un impeachment, el gobierno seguirá cojeando y sangrando rumbo a 2006. El poslulismo, como sugiere la encuesta de Ibope (ver aparte) puede llegar a través de una derrota, con Lula o con otro candidato del PT. No es probable que Lula, ante una derrota inevitable, acepte competir sólo para traccionar votos para su partido, que como viene diciendo, llevó a su gobierno a esta situación.
En el poslulismo, sean cuales sean los nuevos dueños del poder, nada indica que tendremos un país pacificado, concentrado en la tarea de fortalecer y reformar sus instituciones y en el esfuerzo para alcanzar un crecimiento económico continuado, generar empleos, reducir sus desigualdades, enfrentar sus problemas seculares. El poslulismo será un campo de guerra después de la batalla. Aunque Lula vuelva a Sao Bernardo, como ya dijo, para vivir entre los suyos y lejos de la política; aunque dirigentes importantes como Dirceu sean destituidos y el PT pierda su autorización para actuar; aún así los petistas seguirán existiendo y actuando en otro partido. Sobre todo aquellos que no participaron del desastroso proyecto de poder y cooptación política en base al dinero y al uso de los instrumentos del Estado. El pospetismo, bajo cualquier forma, será una fuerza política herida y resentida.
Cuando el PT se convirtió en gobierno y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) comenzó a hacer una oposición constructiva, en el año de las reformas,escribí aquí que podríamosestar comenzando a tener una política civilizada. Que los petistas, cuando volviesen a la oposición, habiendo conocido el gobierno, no repetirían la oposición rabiosa del pasado. Pero ahora, después de los excesos de la CPI de los Correos, del uso de criminales como delatores premiados, de la alianza con procuradores enardecidos (que el PT también hacía) y del estímulo al clima de «matar, desollar y romper los dientes», los ímpetus de venganza serán fuertes. La disputa presidencial de 2006 será ciertamente la más sangrienta después de la redemocratización, con Lula o sin Lula en la disputa. En un tiempo en que las calles rabiosas ya pregonan el «fuera todos», como se vio en la manifestación del miércoles en Brasilia, el campo estará fértil para los aventureros y los ajenos al sistema, los «outsiders». Gane quien gane, gobernará un país dividido, aunque la economía haya resistido. Los movimientos sociales, que mal o bien eran contenidos por el PT, estarán sueltos en el mundo. Tiempos nada interesantes, cualquiera sea el desenlace de la crisis.
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