29 de mayo 2003 - 00:00

Supervivencia de derecha española

Madrid - La derecha social española, compuestaa su vez por varias derechas ideológicas, acudió al rescate de su derecha política, que estaba con arritmia y al borde de la fosa tras la ferocísima campaña liberticida de las izquierdas a cuenta de la guerra de Irak.

El rescate fue espectacular y si se dice que el mérito exclusivo de la victoria del Partido Popular es de Aznar, será por el sempiterno desprecio de los medios de comunicación y del conjunto de la clase política por lo que caricaturescamente suelen llamar la «derechona» (desde la «izquierdaza») y que más asépticamente conocemos como «derecha sociológica», aunque en realidad la conocemos peor de lo que la tratamos, si cabe.

Deberíamos conocerla mejor, si no apreciarla, porque esa derecha social es la que ha hecho el tránsito del franquismo a la democracia, del estatismo al liberalismo, del «paletismo» al multiculturalismo, de la tradición a la posmodernidad, de la rigidez a la tolerancia, de la pobreza digna al consumismo, de la confesionalidad a la aconfesionalidad, del cateto antes de ayer al pasado mañana internacional, de la peseta al euro, con el IVA, pero además manteniendo unos valores familiares, morales, políticos y nacionales que siguen siendo el nervio de lo que queda de España (por cierto, otra de sus claves permanentes).

Esa derecha berroqueña, popular, opaca y algo sonámbula es la que mantiene el sistema y la que al final decide todas las batallas políticas. Deberíamos tratarla mejor, para lo cual sería preciso empezar a conocerla. Aznar triunfó porque fue él (ojo, no el Partido Popular) quien ha apelado a su base social, que no es otra que la derecha más profunda y más extensa, para que lo apoyara en el plebiscito convocado por la izquierda para echarlo del poder a patadas.

• En favor propio

Y la derecha se movilizó a favor de Aznar y contra la coalición Zapatero-Llamazares (José Luis Rodríguez Zapatero y Gaspar Llamazares, respectivos jefes del PSOE y de Izquierda Unida), pero, sobre todo, a favor de sí misma. Porque Aznar, que la representa política, biológica y casi geológicamente, es de los suyos, gobernó bien a España y además se va, mientras que Zapatero y Llamazares quieren ponerle un pie en el cuello y, encima, quedarse.

Si nos fijamos en la regla y no en la excepción, es evidente que la gran incógnita de las elecciones del 25 de mayo, que era la movilización de la derecha social, no pudo resolverse de forma más inequívoca y aleccionadora. ¿Servirá de lección?

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