9 de noviembre 2006 - 00:00

Tampoco la economía salvó a Bush de la derrota electoral

George W. Bush debió enfrentarse ayer a las consecuencias de una derrota electoral que lo minará irremediablemente de aquí al final de su mandato. La entrega a la oposición de la cabeza del arquitecto de la guerra antiterrorista, Donald Rumsfeld, fue ayer la primera de las concesiones por venir. Irónicamente, la agenda política -crisis en Irak, violaciones de derechos humanos, espionaje interior- movilizó a un electorado liberal que hasta hace algunos meses no podía imaginar una resurrección como la del martes, con control pleno de la Cámara baja y, según se confirmó al cierre de esta edición, también del Senado. Sobre todo, porque la economía viene dando claros signos de solidez. La historia obliga ahora a Bush hijo a desandar lo aprendido por Bush padre: la sentencia de que «es la economía, estúpido», impuesta en 1992 por Bill Clinton, acaba de demostrar que no es una verdad universal.

La forzada salida de Donald Rumsfeld fue una concesión dolorosa para George Bush (arriba). George W. Bush y Néstor Kirchner (abajo).
La forzada salida de Donald Rumsfeld fue una concesión dolorosa para George Bush (arriba). George W. Bush y Néstor Kirchner (abajo).
Washington (EFE, ANSA, Reuters, AFP) - El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, reaccionó ayer al triunfo demócrata en los comicios de mitad de término del martes haciéndose «responsable» del resultado, removiendo a su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, pero advirtiendo que no cambiará la dirección de sus políticas hacia Irak.

Rumsfeld se convirtió así en la primera gran víctima política de la resonante victoria de los demócratas tanto a nivel legislativo como estadual.

Rumsfeld -a quien luego el mandatario le dio la oportunidad de despedirse honorablemente con un discurso- es considerado uno de los principales impulsores y arquitectos de la invasión a Irak, lanzada en marzo de 2003. La guerra en ese país, con su creciente violencia y continuos reportes de bajas entre las tropas norteamericanas, fue considerada uno de los temas centrales de estos comicios de mitad de mandato, de los que Bush salió claramente debilitado a pesar de llegar con una situación económica muy favorable.

También pesaron en el ánimo de los votantes las operaciones de inteligencia previas a la invasión, según las cuales el entonces gobierno iraquí contaba con armas de destrucción masiva, las cuales nunca fueron encontradas.

«Yo también quisiera que nuestras tropas vuelvan a casa, pero quiero que lo hagan con una victoria», dijo Bush, disimulando a duras penas su disgusto, durante una rueda de prensa en la Casa Blanca.

Una «victoria», explicó el presidente, se alcanzará cuando Irak sea «un país que se pueda gobernar a sí mismo, sostener y defender».

«Yo puedo entender que los estadounidenses quieran que las tropas vuelvan a casa, pero no sé si ellos dicen: 'Vuelvan a casa y dejen atrás un Irak que puede convertirse en un refugio para Al-Qaeda'», señaló Bush en referencia al grupo extremista islámico considerado responsable de los atentados del 11 de setiembre de 2001 contra el Pentágono y las Torres Gemelas de Nueva York.

Aunque se declaró «comprometido con la victoria» en Irak, el presidente cedió ante uno de los principales reclamos de la oposición demócrata, el despido de Rumsfeld, quien ahora será sucedido por Robert Gates, un ex jefe de la CIA en los años de la presidencia de George Bush padre.

«Yo sé que hay mucha especulación sobre lo que el resultado de las elecciones significa para la batalla que estamos luchando en Irak», indicó Bush, quien dijo «reconocer» que «muchos estadounidenses votaron para dejar registrado su desagrado con la falta de progreso» en el país ocupado desde la invasión de marzo de 2003. «Pero también creo que la mayoría de los estadounidenses y los líderes en Washington, de ambos partidos, entienden que nosotros no podemos aceptar una derrota» en Irak, aseguró el mandatario.

Bush dijo que «en los próximos días y semanas» se reunirá, junto con su equipo de seguridad nacional, con «los miembros de ambos partidos para informarlos sobre los últimos acontecimientos y escuchar sus opiniones sobre el camino por seguir».

El presidente admitió: «Estas elecciones cambiaron muchas cosas aquí en Washington, pero no cambió mi responsabilidad fundamental, que es la de proteger al pueblo estadounidense de un ataque».

Sobre la segura consagración de la diputada demócrata Nancy Pelosi, de California, como nueva titular de la Cámara baja, Bush dijo: «Ahora tenemos la oportunidad de encontrar un terreno en común» para trabajar juntos.

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