Un Chávez sin plata pero con bananas gana por 78% de los votos en Ecuador
¿Será posible en Ecuador hacer chavismo sin dinero o el experimento «socialista» de Rafael Correa derivará en más de la misma inestabilidad política que ya es endémica en ese país? Ecuador tiene petróleo, pero no en la medida de Venezuela, y la insistencia de su gobierno en renegociar una deuda pública que bajo ningún parámetro es insostenible sólo se comprende en la intención de desviar al populismo los fondos que hoy se destinan a su pago. Claro, el precio de la idea será elevado, ya que es inevitable que los inversores se agolpen ante la puerta de salida. Tras el referendo de ayer, el mandatario prometió respetar la dolarización vigente desde 2000, un intento probablemente tardío de recuperar una confianza perdida a fuerza de imprudencias. Aunque -es imposible contrariar siempre los propios instintos- anunció, a la vez, que liquidó una deuda de 40 millones de dólares con el FMI para deshacerse de la tutela del organismo y expulsó al representante del Banco Mundial. Correa se salió con la suya al imponer con 78% de los votos el «sí» a su plan de reforma constitucional. Sus promesas sin fin y el desprestigio de los dirigentes tradicionales explican el resultado. Pero los ecuatorianos no se enfrentan ahora sólo a un trasnochado proyecto socialista; también a un gobierno casi sin frenos institucionales.
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Paralelamente, aseguró que Ecuador canceló el jueves la deuda de 40 millones de dólares que mantenía con el FMI, un modo de librarse de la tutela del organismo que ya había sido anunciado en febrero. «No queremos saber más del Fondo Monetario Internacional», dijo ayer.
En medio de un clima económico en continuo deterioro (ver nota aparte), Correa ratificó ayer el esquema de dolarización vigente en el país desde 2000.
«La dolarización se mantendrá en los cuatro años de gobierno», prometió, intentando despejar las incertidumbres.
La Asamblea, que tendrá poderes totales para modificar el esqueleto jurídico, institucional y económico, capitalizó el descontento de la población con los partidos tradicionales, a los que se acusa de los problemas como la pobreza y la corrupción. Los ecuatorianos deberán elegir entre fines de octubre y principios de noviembre a los 130 miembros del cuerpo, cuyo trabajo podría extenderse por 180 días con una prórroga de 60 adicionales.
«Es evidente que Ecuador entró en un proceso muy similar al de Venezuela. Al igual que en este país, Correa gana en las urnas, controla los tribunales y amedrenta a empresarios, periodistas y oposición», afirmó por su parte Vladimiro Alvarez, analista y catedrático de la Universidad Católica de Guayaquil.




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