Santiago (EFE, LF) - Sea cual sea el resultado de las elecciones chilenas, se descuenta que ningún candidato intentará cambiar el exitoso modelo económico vigente.
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Las propuestas de la oficialista Michelle Bachelet y de los opositores Joaquín Lavín y Sebastián Piñera se concentran en mejorar la participación de las pymes, pero sin afectar a la gran empresa y, principalmente, en mejorar la distribución del ingreso.
Desde la era de Augusto Pinochet (1973-1990), los empresarios gozaron de amplia libertad para emprender un crecimiento basadoen una fuerte apertura al exterior, tras la privatización de las principales empresas y servicios y novedades, como el primer sistema privado de pensiones en el mundo. Los gobiernos democráticos posteriores no cambiaron el modelo, sino que optaron por buscar que sus beneficios llegasen a los hasta entonces excluidos. Así, 70% del presupuesto anual se destina hoy a salud, vivienda y educación.
Desde 1989, con un crecimiento económico promedio de 5,8% y una inversión equivalente a 26,7% del Producto, más una inflación controlada (2,2%), el país triplicó su PBI hasta llegar a 110.000 millones de dólares.
Entretanto, la pobreza se redujo a 18% de la población, con menos de 10% de indigencia, tras sistemáticos aumentos de las pensiones asistenciales, la modernización de la salud y educación y la entrega de un millón de viviendas con subsidios estatales.
Chile ha suscrito tratados de libre comercio con la Unión Europea, México, Canadá, EE.UU., Corea del Sur, Nueva Zelanda, Singapur, recientemente con China y prepara otros con India y Japón. Esto supone la llegada desgravada de las exportaciones chilenas a más de 2.000 millones de consumidores en todo el mundo.
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