¿Un solapado canje de rehenes con EE.UU.?
El diario londinense «The Independent» publicó ayer un artículo que puede ser útil para entender un aspecto desconocido de la crisis por los marinos británicos capturados por Irán. La nota, titulada «Gran Bretaña vs. Irán: un juego de ajedrez de apuestas altas» y escrita por Patrick Cockburn, es previa a la liberación de los cautivos, pero anticipaba el final concretado ayer. Mientras en Londres se ponían el martes paños fríos a las expectativas y no se hablaba de una salida inmediata al conflicto, el artículo adelantaba en su subtítulo: «Crece la esperanza de que los marinos británicos sean liberados en el marco de un intercambio de prisioneros». Todas las partes involucradas en el caso lo negaron, pero algunas coincidencias resaltadas por el periodista resultan, al menos, llamativas. Veamos:
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El presidente Mahmud Ahmadinejad saluda luego de la conferencia de prensa en la que
anunció la liberación de los soldados. Las partes involucradas desmintieron que han recurrido
a un intercambio de los británicos por iraníes detenidos en Irak.
La incursión en Erbil se produjo algunas horas después de un agresivo llamamiento a la nación del presidente George W. Bush, en el que denunció a Irán como el gran enemigo de EE.UU. en Irak. Esto siguió a una serie de incidentes, como el intento de secuestro de cinco soldados de EE.UU. en un ataque altamente sofisticado cerca de la ciudad santa de Kerbala, al sur de Bagdad, en el cual los asaltantes primero intentaron tomar prisioneros a los soldados y finalmente los mataron. EE.UU. culpó por el episodio a chiitas iraquíes que actuaron en nombre de Irán.
La liberación de Sharafi es un indicio alentador. Había sido capturado el 4 de febrero por hombres uniformados en misteriosas circunstancias. Irán y políticos chiitas en Bagdad dijeron que éstos pertenecían a la 36ª unidad de comandos del ejército iraquí, controlado en la práctica por EE.UU. Sharafi ahora ha vuelto a Teherán. EE.UU. niega haber jugado cualquier papel en su desaparición. Al mismo tiempo, inmediatamente después que la incursión en Erbil, la secretaria de Estado Condoleezza Rice reveló que el presidente Bush había aprobado una política de atacar blancos iraníes en suelo iraquí.
Ni Sharafi, un segundo secretario en la embajada, ni los cinco funcionarios iraníes atrapados en Erbil parecen haber sido figuras importantes. Sharafi estuvo implicado en planes para abrir un rama del banco nacional iraní en Bagdad. EE.UU. describió a uno de los cautivos de Erbil como un alto oficial de la Fuerza Quds, una unidad de élite de los Guardianes de la Revolución iraní.
La pretensión de estadounidenses y británicos de que no hubo conexión entre la captura de los iraníes el 11 de enero y la de los marinos británicos resultó contrariada el martes, cuando un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irak dijo que su gobierno también estaba trabajando « intensamente» en la liberación de los cinco iraníes «para ayudar a la de los marinos e infantes de marina británicos».
En Washington, el presidente Bush señaló lo mismo: «También apoyo con fuerza la declaración del primer ministro (Blair) de que no debe haber 'quid pro quo' cuando se trata de rehenes».
Como el punto muerto es una etapa sensible, Gran Bretaña reaccionó el martes con cautela a la difusión de una nueva imagen de los cautivos en el sitio Web de la agencia de noticias iraní «Fars», una aparente violación del compromiso de que no se publicarían más imágenes.



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